La narrativa oficial de la guerra contra el narcotráfico dibuja éxitos reconocidos en el mundo. Por ejemplo, la Oficina para Asuntos sobre Narcotráfico de las Naciones Unidas, dice que en 2008 México rompió récord en extradiciones, aseguramientos de droga y dinero, lo que habla de golpes a las estructuras operativas, logísticas y financieras de los cárteles. Sin embargo, el creciente sentir de los mexicanos es que la guerra se va perdiendo, con lo cual el consenso original que tenía el presidente Felipe Calderón sufre una erosión que se antoja insalvable.

 

¿Cómo entender esta contradicción entre lo objetivo y lo subjetivo? ¿Qué es subjetivo y qué objetivo? Decir que es producto de la percepción describe, pero no explica. La percepción es la interpretación de las sensaciones -que se construyen sobre las experiencias inmediatas- a las cuales les da un significado. Esa percepción no se hubiera construido de no haber tenido la sociedad impactos inmediatos sobre su sentir de inseguridad –derivado de los récords históricos de ejecuciones y desafío constante a las fuerzas de seguridad militar y civil-, así como un mensaje muy difícil de explicar –"vamos ganando la guerra"- y de comprender, cuando lo que se tiene enfrente es una cifra de muertos que no deja de subir, sin importar que la mayoría de las víctimas sean criminales. Esta percepción partió de dos errores estratégicos del gobierno: el diseño de la guerra y el mensaje político.

En el primer caso, la falla original admitida por los propios operadores de esta guerra, se debió al modelo de ocupar territorialmente enormes zonas del país que estaban bajo control de los cárteles de la droga, y de esa forma romper sus redes de distribución y comercialización, sin contemplar su desdoblamiento. Golpeando las finanzas de los cárteles, argumentaban, se fragmentarían y sería más fácil combatir a pequeños grupos de delincuencia. La primera fase de este modelo fue exitosa, y de hecho el Cártel del Golfo, prácticamente desapareció por la falta de droga para vender, pero resultó efímera. Pero la diáspora fue temporal.