El periodismo es una profesión fascinante. Es un privilegio ser testigo de eventos que cambian el curso de la historia. El informar sobre ellos puede ser apasionante, pero también requiere de cierta cantidad de coraje y en algunas ocasiones la búsqueda por la verdad pone al periodista en una situación precaria ante aquellos que ostentan el poder.

Eso es lo que le ha ocurrido a un grupo de mujeres que acaban de ser galardonadas con el premio al valor por la Fundación Internacional de Mujeres Periodistas. Cada año tres mujeres de diferentes partes del mundo son homenajeadas por su osadía en el ejercicio de la profesión y una es reconocida por los logros de toda una vida de carrera.

Antes de conocerlas en el evento de homenaje había leído sus historias y me habían conmovido. Sin embargo escuchar sus declaraciones al aceptar el premio trajo un sentido de realismo a la insufrible experiencia que han vivido.

Iryna Khalip ha ejercido el periodismo durante más de 15 años en la ex republica soviética de Belarús. Trabajo en varios periódicos que fueron cerrados por el gobierno, pero continúa denunciando los excesos de la dictadura. "¿Cuándo fue que comenzamos a perder nuestra libertad?," se preguntó en el discurso. "¿Sería cuando mis colegas fueron arrestados por reportar lo que vieron, o cuando la policía allanó mi casa luego que publiqué un artículo sobre corrupción, o quizás cuando mis amigos comenzaron a desaparecer uno por uno?" A las dictaduras no les gustan los periodistas, declaró acertadamente. O los destruyen o los compran. Por su estilo incisivo de informar Khalip ha sido arrestada, interrogada durante largas horas y golpeada por la policía, aún así asegura que no será silenciada. "Si todos los medios de comunicación se me cierran, les gritaré las noticias," dice. "Por favor escuchen."