Sin fronteras
Resulta más fácil convencer a Celine Dion que cante a dúo con Paquita la del Barrio que lograr que los líderes de gobiernos latinoamericanos forjen una alianza subcontinental que defienda sus intereses comunes.
Es casi equivalente a mezclar agua con aceite. En la jungla política de Latinoamérica sus personajes son tan disímiles que una fusión de esa magnitud es como mínimo inimaginable.
Pero el peor intento es el que no se hace. Esto al menos sí lo tienen claro los dirigentes regionales y a esa tarea se abocaron con relativo éxito durante los dos últimos días en Cancún durante la pomposamente llamada Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe.
El quid del asunto no es que nuestros cabecillas políticos no quieran una unión. La clave está en qué implica para cada uno de ellos este acuerdo.
Y allí es donde salta al escenario un abanico ideológico tan variado que al final, como en esta ocasión, el resultado no pasa más allá de una declaración de buenas intenciones.
Para muestra un solo botón. Apenas en los albores del evento un choque verbal entre el venezolano Hugo Chávez y el colombiano Alvaro Uribe estuvo a punto de arruinar la cita presidencial.
Esto no es nuevo. Solo que en estos encuentros la verdad sale a la luz, monda y lironda. Chávez y algunos de los que le hacen coro, sueñan con una Latinoamérica que sea una copia al carbón de Cuba y por supuesto de Venezuela.
Y no es que Cuba sea el engendro del mal ni nada por el estilo. El régimen de La Habana ha cosechado logros, al menos en el terreno social, que son un referente en América Latina.
Solo que utilizar como modelo a un país donde la verdadera democracia es todavía una utopía no será nunca una idea que acojan a pie juntillas todas las naciones de la región.
Y el problema es que Chávez es precisamente el artífice del plan para crear el organismo subcontinental al margen de Estados Unidos y Canadá.
Este grupito apuesta por la integración de un ente que le de un portazo a EEUU, que cierre filas contra eso que ellos llaman con rencor "el imperio", como si Washington todavía fuese ese monstruo de antaño que quitaba y ponía presidentes casi a su antojo.
Ayer en Cancún fue engendrada la criatura. Hacemos votos para que las abismales diferencias no impidan que ese retoño de al menos sus primeros pasos.
El problema es que Chávez quiere ver todo blanco o negro. En su rígida visión hay países en Latinoamérica que son casi una extensión de la Casa Blanca. ¿Será por qué el siente al Palacio de Miraflores a una distancia cortísima de La Habana y ese es su parámetro para juzgar a sus vecinos?
Es cierto que la Colombia de Uribe y el México de Felipe Calderón hacen buenas migas con Washington y hasta caminan de la mano en muchos proyectos. Pero de ahí a calcar un modelo ideológico con todas sus bondades y sus cuitas hay un abismo de diferencia.
No hay que ser un erudito para comprobar que Latinoamérica no esta lista para la creación de un organismo que realmente concilie todos los intereses regionales.
Desde el Río Bravo hasta Tierra del Fuego, existe una ensalada ideológica en la que coexisten regímenes de derecha, de izquierda y de centro.
Hay que apuntar a objetivos más modestos, al menos por ahora.
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