En el contexto del drama y las preocupaciones que viven miles de inmigrantes, esta historia sobresale. Especialmente, cuando demasiadas veces se pone a inmigrantes y policías en diferentes lados de la división. Porque muchas veces no es así.
Esta es, entonces, una historia sobre la magia y la casualidad, la inocencia de un niño y la generosidad natural de una mujer.
Con su letra grande de niño de siete años Albert se rindió a las insistencias de su madre Ana y le escribió una carta a Santa Claus pidiéndole regalos para Navidad. Había tratado de enseñarle a ella que Santa Claus no existe, que es un invento. Pero ni modo.
"Querido Santa. Quiero un juguete. Se llama Terminator. Por favor, dámelo. Y también algo para Elisa, que tiene cinco meses... Gracias", y la dirección en la ciudad de Chino.
Luego ataron la carta a un cordel y éste a un globo lleno de helio. "El globo se fue al cielo, para las montañas", dice Ana. "Lo seguimos por mucho tiempo".
Pero de alguna manera, el globo supo regresar y llegó a las esquinas de Walnut y Central.
Aquel mismo sábado 19 de diciembre aterrizó sobre el parabrisas del auto de Linda Takeuchi, una voluntaria de servicios comunitarios en el Departamento de Policía de Chino. "El globo se escapaba, pero le dí alcance", nos dice.
Chino, de 82,000 habitantes, no da la bienvenida a los inmigrantes. Su congresista, Gary Miller, presentó una moción de ley para negar la ciudadanía estadounidense a hijos de inmigrantes indocumentados.
El lunes , al volver a su casa tras recoger a Albert de la escuela, Ana halló un papel pegado a su puerta:





