Hace unas semanas fue el niño del globo. De cómo una familia con deseos de fama y de tener su propio "reality show" inventó una tragedia de esas humanas que nos encanta a los periodistas y logró que medios de esos super serios (supuestamente) hicieran cobertura por horas sobre un globo que se elevó, luego cayó, con niño, sin niño, donde está el niño, etc. Y luego que se descubrió que todo era una farsa, días u días de cobertura sobre la farsa.

En fin. Creo que ya queda claro que estoy un poco frustrada con la banalidad de nuestros medios pero sobretodo, la de nuestra sociedad. La verdad es que cuando uno intenta informarse hoy en día sobre lo que ocurre en el mundo, y me refiero a programas noticiosos, periódicos, blogs, radio, etc, tiene que procesar una enorme cantidad de historias que nada tienen que ver con las cosas que realmente tienen importancia, no sé, por ejemplo, como va la economía, quien se está forrando con nuestro dinero de los rescates, qué intereses se están comiendo viva cualquier posibilidad de una reforma efectiva de salud, etc

Yo sé que la banalidad vende, llama la atención, consigue ratings. Con mis alumnos en las clases de periodismo discuto siempre el tema: ¿al público hay que darle lo que quiere o lo que necesita? Debo decir que la respuesta es más complicada de lo que parece, pero para resumirles lo que pienso, sé que hay que usar una combinación inteligente de los dos, si es que uno quiere mantener cierta credibilidad periodística y la misión social que lo hizo a uno entrar al periodismo.