El viernes le colocó a su hijo Martín una placa de policía, en presencia de su padre George, un ex subjefe del LAPD que se jubiló en 1980.

Un día antes, en reunión con La Opinión, Charles L. Beck fue todo sonrisas. Después de todo, se presentaba como futuro jefe del Departamento de Policía de Los Ángeles.

Beck reemplazará a William Bratton, un bostoniano que llegó montado en un aura de prestigio por su labor en Nueva York y que siete años después, se va con ese prestigio intacto.

Pero no todo fueron logros, y la golpiza a los participantes de la marcha pro inmigrante en el Parque MacArthur el 1 de mayo de 2007 fue su punto más bajo.

¿Qué le parece la reciente decisión del fiscal del distrito de no enjuiciar a los agentes que participaron en la golpiza?, se le pregunta.

Beck titubea un poco entre respaldar lo ya hecho o conceder el error. Al final, promete transparencia y apertura.

El futuro nuevo jefe sabe que requiere el apoyo o al menos la colaboración de la comunidad hispana. "Quise que mi reunión con La Opinión sea la primera", explica, "pero no sucedió por un conflicto de horarios". Está en la reunión su asistente especial para la transición, capitán Rigoberto Romero. Beck dice que está interesado en integrar a los hispanos a su agencia, y "ese es uno de los motivos del nombramiento del capitán Romero".

Lástima, Beck. Los nombramientos deberían ser solamente por mérito, no por cuotas raciales. De lo contrario, el avance latino se mediría en supuestos gestos de patronazgo de los jefes. Bratton, se recordará, tenia al subcomandante Sergio Díaz. Lo que no disminuye los méritos de ninguno de ellos dos.