Actualidad política

De todas las horas de debate sobre la reforma de salud que algunos masoquistas a quienes nos gustan estas cosas vimos por C-Span el pasado sábado, mi cita favorita viene de la intervención de la Congresista Barbara Lee, quien tuvo que pararse a recordarle a buena parte de los allí presentes algo que debería ser obvio.

"Esto es una democracia, no una teocracia", dijo Lee.

De todas maneras, ese telegrama no le ha llegado a muchos. Resulta que la Cámara de Representantes estaba discutiendo el proyecto de ley de reforma de salud, una de las legislaciones más importantes en la historia de este país. Más de 40 millones de personas sin seguro y otros muchos millones a quienes su seguro los deja en la estacada tan pronto se enferman de algo, esperan la acción de nuestros insignes legisladores.

Las decenas de miles de personas que mueren cada año por no poder recibir tratamiento médico a tiempo o completo también debieron estar en la mente de esos congresistas. Debieron, pero no estuvieron en la consideración de muchos.

En vez de hablar de aquellos cambios que nos permitieran mejorar el acceso a la salud, cubrir a más personas y rebajar los costos médicos que están dejando en la bancarrota a decenas de miles de personas, estábamos hablando de otra cosa.

Por razones que nada tienen nada que ver con la ley o una política de salud responsable, todo el debate en torno a la reforma de salud devino en una discusión sobre si el derecho al aborto es moral y si los seguros PRIVADOS que participen en el mercado común de seguros (exchange) podrán cubrirlo como hasta ahora.