Los afroamericanos de Estados Unidos han abierto el camino del progreso y la integración a los latinos, con su ejemplo de lucha por los derechos civiles contra la discriminación, la ignorancia y el crimen, por la oportunidad, la educación y la prosperidad. Muchos años de actividad devinieron en alta participación electoral, aguda conciencia política y una percepción de la solidaridad de grupo.
Una de sus organizaciones se transforma e incluye a las otras minorías en el Sur de Los Ángeles para que también levanten la bandera del cambio.
Es la Community Coalition, que esta semana celebró su décima cena de Gala para homenajear a sus preferidos, cerrar un año de actividades y colectar fondos para las mismas, que se pueden resumir en "menos licorerías y más escuelas".
Honraron allí a La Opinión por lo que ha sido durante tantos años. Presentó su premio Dolores Huerta, una leyenda viva de luchas con César Chávez y por mérito propio y la más vitoreada de la jornada: el único que la igualó fue un ausente, Barack Obama, primer presidente negro.
Honran a Mervyn Dymally, primer afroamericano en el senado estatal, asambleísta, congresista y vicegobernador, y que recibe la presea orgulloso a sus 83 años.
Está aquí parte de la plana mayor política afroamericana en el estado. Desde Karen Bass, que ingresó a Community Coalition en sus albores siendo asistente médica y ahora es presidenta de la Asamblea legislativa, pasando por el asambleísta Mike Davis, Dymally y el supervisor del condado Mark Ridley Thomas.
La composición de la sala es heterogénea: por aquí, los activistas comunitarios, no sólo de "CoCo": hay representantes de grupos como SALEF y El Rescate, o gente como Li’l Furumoto, que organiza programas juveniles para la Asian Pacific American Legal Center en escuelas secundarias como la Adams, con una mayoritaria población latina.






