Actualidad política

Ok, amigos, vamos a poner algo en claro: no soy argentina. Ser clarito de piel y hablar español no quiere decir que yo sea de aquel hermoso país de cuyas empanadas y vinos puedo decir maravillas.

No, no me caen mal los argentinos. Me encantan. Me gusta su acento cuando hablan, su tango, su comida. Muero por ir a Buenos Aires a ver esa ciudad tan linda que dicen que es. Pero no pasa un par de semanas sin que por ahí yo me encuentre a alguien que me mira, arruga los ojos tras escuchar mi nombre y dice: ¿eres argentina?

Casi todos los que me preguntan esto son latinos. No es a mí solamente a quien me pasa. Tengo amigos españoles a los que les pasa constantemente, generalmente gente de piel clara y acento "extraño" (o sea, diferente), en español.

"Es que usted no parece latina", me dijo ayer la cajera del banco cuando ve mi licencia de conducir. "¿Parece americana, pero es argentina verdad?

Si estoy de buen humor suspiro pacientemente, sonrio y digo no, que va, soy venezolana. Es que, sabes, en América Latina hay gente de todas las razas. Si estoy de mal humor cuento hasta diez, o hasta 30, depende, y digo, no, no soy argentina, poniendo cara de pocos amigos.

A veces me agarran con ganas de juerga. Como un día que venía del norte de San Francisco con otra amiga venezolana y paré en Oakland a visitar a otra amiga que trabaja allí en una clínica. Nos citamos en un cafecito al lado de la clínica. Mientras mi amiga, que es judía americana, mi amiga venezolana y yo hablábamos (en español las tres), un señor latino en la mesa de al lado nos miró y preguntó, ¿oigan, son argentinas?