Sin fronteras

¿Habrá alguna fuerza, humana o sobrehumana, capaz de sacar a Nicaragua del precipicio? ¿Quién tendrá la pócima mágica para salvarla de ese coctel infernal de podredumbre política, pobreza y corrupción?

Lo de Nicaragua ya es un espectáculo, triste, deprimente. Es como si el destino se empeñara en jugarle una mala pasada, en mandarle las siete plagas de Egipto y a unos cuantos jinetes del Apocalipsis contemporáneos.

Ahora, en las calles, las diferencias electorales se resuelven a pedradas y balazos entre seguidores y adversarios sandinistas.

De nuevo, vez unos y otros están sumergidos en una desquiciada batalla por el poder donde las denuncias de fraude, la violencia y hasta el matonismo político proliferan.

Las recientes elecciones municipales en todo el país solo sirvieron para demostrar una vez más que laspiraciones democráticas del país están todavía en pañales.

Nicaragua celebró unos comicios en los que fue prohibida la participación de observadores internacionales con el pretexto de que menoscababan la soberanía nacional.

Al final, el triunfador fue el sempiterno oficialista Frente Farabundo Martí p ara la Liberación Nacional, el mismo que Daniel Ortega dirige desde Casa Presidencial como si fuese su juguetito.

La del FSLN fue, una vez más, una victoria plagada de denuncias de irregularidades, de manipulación y de acciones amañadas para forzar un resultado.

Que esto ocurra en una nación donde el presidente y su grupo manejan no solo el gobierno, sino también el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría y el Poder Judicial, ya es de por sí más que revelador.

Que Ortega y sus acólitos están, al mismo tiempo, moviendo cielo y tierra para que la reelección presidencial sea un hecho, no hace más que echar un puño de sal a la herida que sufre la democracia nicaragüense.