Actualidad política

El mes pasado, el prestigioso premio Pulitzer de periodismo aceptó como candidato en dos categorías al National Enquirer, mejor conocido como el tabloide obsesionado con las actrices que engordan (¡Lisa Marie llega a 165 libras!, clamaba una reciente portada, oh, horror!) y los pecadillos sexuales y drogadicciones de los artistas y los políticos: ¡Tiger Wood, el hijo natural y las grabaciones sexuales!, clamaba otra.

En este caso, el Enquirer compite por el Pulitzer con las historias que revelaron el affair del ex precandidato a la presidencia John Edwards con una videógrafa que preparaba un "documental" sobre su competencia por la nominación demócrata a la presidencia. El Enquirer no sólo obtuvo en su momento (en 2007 y después) la exclusiva de que el sureño candidato del pelo perfecto tenía una amante, sino que esta había dado a luz a una niña producto de esa unión, exclusiva ignorada en principio por otros medios, más ocupados en cubrir otros detalles de la campaña.

En este caso me siento dividida. Sobretodo después de leer Game Change, el libro escrito por dos periodistas que cubrieron la campaña presidencial de 2008, uno de Time magazine y otro de New York Magazine y que ofrece una visión íntima de la campaña y de lo que ocurría detrás de bambalinas, incluyendo las reacciones y expresiones que nunca se ven ante las cámaras.

El capítulo que relata la historia del candidato Edwards, su esposa Elizabeth y el affair con Rielle Hunter es para ponerle los pelos de punta a cualquiera. Pero no tanto por la parte sexual del mismo, ya que yo siempre he mantenido que es mejor fijarse en el desempeño político de una persona que en su vida personal para saber si será buen funcionario público. No, me siento así porque me parece alucinante que un megalomaníaco, mentiroso y cobarde como John Edwards estuviera tan cerca de ser nominado para la candidatura presidencial. El libro describe su comportamiento abusivo con sus empleados de campaña, su ego desproporcionado y peligroso y la gran disonancia entre su mensaje progresista (habló muchas verdades sobre "las dos Américas" y la pobreza) que alguna vez me simpatizó mucho y su comportamiento hipócrita exigiendo cortes de pelo de $400 y hoteles de primera clase o construyendo una mansión de millones de dólares que su esposa llamó "funcional, no lujosa".