Se comentaba antes del discurso del estado de la unión que el presidente Barack Obama se referiría en su presentación al tema de la reforma migratoria. Al menos esa era la esperanza de nuestra comunidad. Algunos señalaban que el presidente sería proactivo y diría específicamente que una reforma migratoria que sacara a los indocumentados de las sombras era imperativa. Otros decían que al menos repetiría la receta de las últimas ocasiones en las que habló del tema y manifestaría que estaba listo para firmar el proyecto de ley de reforma migratoria que le presentara el congreso, y en el que constara, obviamente un camino para la legalización de los indocumentados.
Yo tengo que decirlo, yo no esperaba que dijera nada nuevo, ni que pasara de la retórica barata con la que nos ha agasajado desde que asumió la presidencia. Simplemente, no esperaba que el presidente Obama me sorprendiera con nada extraordinario en lo que respecta al tema del caos migratorio.
Al final, me sorprendió y mucho.
Esto fue lo que el presidente Obama dijo sobre el tema migratorio:
"Nosotros continuaremos trabajando para arreglar nuestro sistema migratorio roto, para asegurar nuestras fronteras, hacer cumplir nuestras leyes y asegurarnos que quienes cumplan con las leyes puedan contribuir a nuestra economía y enriquecer a nuestra nación".
Traducción de lo que el presidente Obama nos quiso decir:
"No va a haber una reforma migratoria comprehensiva que incluya una vía de legalización para los indocumentados, las redadas en los centros de trabajo y en las calles continuarán, las familias se seguirán separando y los indocumentados seguirán viviendo en medio del miedo y sometidos a los abusos de patronos inescrupulosos y de autoridades inhumanas que los perseguirán sin piedad".





