En abril de 2003, en uno de sus reportajes más controversiales, el ex comentarista de CNN, Lou Dobbs señaló que la tercera parte de los presos en cárceles estadounidenses eran inmigrantes indocumentados.

En aquel entonces, el Departamento de Justicia aclaró que de acuerdo a sus registros, apenas el 6% de los detenidos en cárceles federales eran de origen extranjero, no necesariamente hispanos o indocumentados. Sin embargo, en la memoria social de los estadounidenses existe la creencia generalizada que los hispanos tenemos una tendencia natural para el delito y que estamos a la vanguardia de las estadísticas en lo que al crimen se refiere.

De hecho, 73% de los estadounidenses creían en el 2005 que los hispanos cometemos más crímenes que los anglosajones, los afroamericanos y cualquiera de las otras minorías importantes.

Recientemente Ron Unz, editor de la publicación de derecha The American Conservative presentó un reporte titulado "His – panic, the myth of immigrants crime" que nos trae conclusiones interesantes sobre la incidencia del crimen en nuestra comunidad.

Haciendo un seguimiento a las estadísticas del Departamento de Justicia, el reporte destaca que una vez que se separa a los detenidos que se encuentran encarcelados por delitos migratorios, el porcentaje de criminales hispanos y anglosajones es proporcional a sus respectivas poblaciones.

Adicionalmente establece que las dos ciudades con mayor población latina en el país, Santa Ana, California, y El Paso, Texas, tienen menor incidencia de crimen que cualquiera de las principales ciudades dónde la mayoría de la población es de origen anglosajona.

En otra parte, el informe señala que comparativamente, la ciudad de Los Angeles, en dónde hoy por hoy, el 50% de sus habitantes es de origen hispano, tiene actualmente el mismo índice de crimen de lo que tenía en los años 60, cuando más del 80% de su población era de origen anglosajón.