La reforma a las leyes de inmigración tiene una oportunidad para que el Congreso pueda debatir y votar sobre un tema relegado por muchos años, a pesar de la importancia que tiene para la economía y para millones que trabajan y viven en la sombra. Este es un momento que lamentablemente no está siendo aprovechado.
En una entrevista con La Opinión la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo tener "esperanzas" de que este año se apruebe una reforma, sin precisar más detalles. Este comentario es tan desilusionante como fue la expresión del Presidente Obama en su discurso ante el Congreso. La hora de las palabras vacías ya pasó.
Por muchos años se culpó a la intransigencia republicana por bloquear una reforma migratoria justa. Ahora tanto la Casa Blanca como el Congreso están en manos demócratas y el estancamiento sigue igual. Es el liderazgo de la Cámara Baja como el del Senado el responsable de no colocar en la agenda, ni de influir en su bancada de manera que los proyectos sean puestos a consideración.
En la Cámara Baja hay proyectos de ley que esperan su momento, mientras que en el Senado sigue tapada la propuesta de los senadores Charles Schumer y Lindsey Graham a la espera supuestamente de más respaldo republicano. Hay que apurar el proceso.
Las negociaciones en la Cámara de Representantes deben acelerarse para que surja un proyecto de ley con respaldo suficiente. Mientras que en el Senado hasta se desconoce todavía públicamente los detalles de la propuesta de Schumer.
El tiempo urge, no se puede demorar mucho más la inclusión de la reforma migratoria en la agenda legislativa. El año pasado no se hizo nada y el espacio para hacerlo ahora se reduce aceleradamente ante las elecciones legislativas.
Las promesas electorales ganan adeptos y crean esperanzas. El compromiso para una reforma migratoria obtuvo votos claves para ganar elecciones y millones de personas trabajadoras alimentaron sus esperanzas. Ahora el Congreso a debe cumplir.
La reforma a las leyes de inmigración tiene una oportunidad para que el Congreso pueda debatir y votar sobre un tema relegado por muchos años, a pesar de la importancia que tiene para la economía y para millones que trabajan y viven en la sombra. Este es un momento que lamentablemente no está siendo aprovechado.
En una entrevista con La Opinión la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo tener "esperanzas" de que este año se apruebe una reforma, sin precisar más detalles. Este comentario es tan desilusionante como fue la expresión del Presidente Obama en su discurso ante el Congreso. La hora de las palabras vacías ya pasó.
Por muchos años se culpó a la intransigencia republicana por bloquear una reforma migratoria justa. Ahora tanto la Casa Blanca como el Congreso están en manos demócratas y el estancamiento sigue igual. Es el liderazgo de la Cámara Baja como el del Senado el responsable de no colocar en la agenda, ni de influir en su bancada de manera que los proyectos sean puestos a consideración.
En la Cámara Baja hay proyectos de ley que esperan su momento, mientras que en el Senado sigue tapada la propuesta de los senadores Charles Schumer y Lindsey Graham a la espera supuestamente de más respaldo republicano. Hay que apurar el proceso.
Las negociaciones en la Cámara de Representantes deben acelerarse para que surja un proyecto de ley con respaldo suficiente. Mientras que en el Senado hasta se desconoce todavía públicamente los detalles de la propuesta de Schumer.
El tiempo urge, no se puede demorar mucho más la inclusión de la reforma migratoria en la agenda legislativa. El año pasado no se hizo nada y el espacio para hacerlo ahora se reduce aceleradamente ante las elecciones legislativas.