No cabe duda que la creación de empleos es la prioridad principal, tal como lo indicó el presidente Obama en su mensaje ante el Congreso. El camino que lleva a la estabilidad económica y la generación de ingresos tiene numerosas sendas y uno de ellos es la reforma migratoria.

Por eso nos desilusionó la breve mención del tema hecha por el mandatario que "...hay que seguir trabajando en arreglar el sistema de inmigración quebrado....". Este comentario es tan general, con su mención de frontera seguras, respeto a la ley y a las reglas de juego, que pudo haber sido dicho en cualquiera otra ocasión. Estas palabra no corresponden al presidente que fue electo bajo la promesa de una reforma migratoria integral.

El tema causa controversia, ahí está la habilidad de mover el debate fuera de la emotividad nativista para entrar en realidades económicas.

Numerosos estudios académicos y de centros de investigación tan dispares como el libertario Instituto Cato aseguran que la legalización de la mano de obra inmigrante no preparada significará mejoras para los trabajadores estadounidenses y sus hogares. La incorporación plena a la economía nacional de millones de personas significa un aumento en el Producto Bruto Nacional entre $37 mil millones al año o un acumulativo de $1.5 billones, según se lo mire.

Esperamos que la mención a la pasada del tema migratorio sea una cuestión de estrategia política y no reflejo de una falta de compromiso de la Casa Blanca con el tema. Los demócratas controlan el Congreso y la Casa Blanca, ya no hay republicanos a quien culpar como en el pasado. La administración tiene un papel vital para avanzar una legislación que cuenta en general con respaldo laboral, del sector privado y requiere un respaldo bipartidista. Ya hay proyectos de ley al respecto sobre la mesa.