Las "cortes de drogas" especiales, que dan una alternativa al encarcelamiento a los adictos y a los delincuentes de crímenes relacionados con drogas que inciden por primera vez o que cometen faltas leves, se han extendido rápidamente por los sistemas judiciales de Estados Unidos. Pero es hora de preguntar: ¿acaso estos tribunales generan mayores males que beneficios a la sociedad?

Hace veinte años, las cárceles y tribunales del sur de la Florida estaban llenos de sospechosos de delitos menores relacionados con drogas —principalmente usuarios que vendieron pequeñas cantidades de cocaína para alimentar sus propios hábitos. A través de pruebas toxicológicas, se reveló que el 73% de los detenidos dieron positivo a drogas, con cocaína y marihuana principalmente. El sur de la Florida fue la capital mundial de la cocaína, y personas de origen latino fueron detenidos en mayor número que de cualquier otro grupo.

Las cárceles se llenaron tanto que la mayoría de las personas arrestadas por delitos relacionados con drogas fueron liberadas mientras esperaban juicio, mucha regresaron a las calles para ser detenidas de nuevo. En muchos casos, a través de acuerdos con las fiscalías, los acusados enfrentaron penas largas de prisión. Sin embargo, muchos criminales violentos también fueron liberados porque las cárceles estaban llenas delincuentes no violentos cumpliendo condenas obligatorias.

En 1989, la entonces fiscal estatal en Miami-Dade, Janet Reno, estableció un novedoso —en ese entonces— plan llamado "cortes de drogas". En las cuales los acusados de delitos menores relacionados con drogas eran enviados a programas de tratamiento y no a la cárcel. Hoy en día hay 2,100 "problemas en resolución" en tribunales a lo largo de todo el país, lidiando con acusados de drogas, conductores ebrios y culpables de violencia doméstica.