Antonio H. Rodríguez, Los Ángeles, CA.

Que vergonzoso papel juegan los reporteros de los medios de habla hispana en su afán de justificar, de un modo u otro, el golpe de estado en Honduras. Por favor, no hay dos presidentes. Solo hay uno: Zelaya.

Michelletti no es presidente interino ni de otra índole. Micheletti y sus secuaces son golpistas. Tampoco se trata de Hugo Chávez. Aquí, el que está siendo reprimido es el pueblo hondureño y son sus derechos humanos que son pisoteados por los gorilas.

Hay que tener en cuenta la historia de la oligarquía hondureña y como se han hecho ricas las pocas familias que la componen. Financiada por las finanzas extranjeras, esta oligarquía ha amasado cuantiosas fortunas, controlado la industria, medios de comunicación, la banca, agricultura, manufactura y hasta narcóticos, mientras que más del 50% del pueblo vive en la extrema pobreza.

La oligarquía se asustó cuando Zelaya, uno de sus propios miembros, horrorizado por la extrema pobreza de su pueblo, decidió integrar su país al ALBA, incrementar el salario mínimo y recibir petróleo de Venezuela a bajo costo. Y se dio horror cuando Zelaya llamó a una encuesta popular para determinar si el pueblo quiere hacer convocar a una asamblea constituyente para enmendar la constitución y así integrar su participación en las decisiones de gobierno.

Ya desesperados, los oligarcas y sus secuaces asestaron el golpe de estado con verborrea anticomunista y la estúpida intriga de que Zelaya se quiere reelegir. Todo esto bajo el mando de "Goriletti", quien solo se ha elegido y reelecto por 28 años al Congreso de Honduras.

Aun hay más. Entre estos oligarcas y militares están los que crearon los escuadrones de la muerte y prestaron el suelo de Honduras para que Estados Unidos estableciera bases militares usadas para iniciar ataques contra los sandinistas en Nicaragua.