Honduras
Muchos hondureños, dentro y fuera de su país, sienten la frustración y rabia de no ser tomados en cuenta ante el repudio abierto al llamado golpe de estado contra el Presidente Zelaya. Los líderes de la comunidad y organismos internacionales debieron analizar a más profundidad los acontecimientos previos antes de decidir un ultimátum y sanciones.
Soy fiel creyente de los preceptos democráticos y de la unión de los pueblos para hacerlos respetar, tanto como en la soberanía y libertad de los pueblos para decidir su futuro y poder corregir a tiempo los desvíos y violaciones que sus gobernantes cometen al amparo del poder.
Este ha sido el caso de Zelaya.
Hoy, a través de los medios de comunicación, estamos mas inclinados a hacer eco de las disposiciones de los organismos internacionales, a dar espacio a las voces de lideres extranjeros que, fuera del territorio hondureño, cuestionan y critican el delicado acontecer político y social en ese país, pero en honor a la verdad, han sido pocos los que se han preocupado por difundir en este momento crucial otras voces, las voces del pueblo hondureño y las voces de otros poderes en ese país como el legislativo y el judicial, que mucho tendrían que decir, aportar y mostrar a la comunidad internacional.
Antes de su destitución, Manuel Zelaya rompió las leyes de su país al convocar una consulta orientada a modificar la constitución hondureña a través de una Asamblea Nacional Constituyente para reelegirse indefinidamente al más puro estilo chavista. La autoridad electoral demandó y el Poder Judicial declaró ilegal la intención presidencial por considerarla inconstitucional.
Hasta aquí solo eran intentos, sueños guajiros de Zelaya por lograr una nueva Constitución como la de Rafael Correa en Ecuador, como la de Evo Morales en Bolivia o mejor aun, como la de Hugo Chávez en Venezuela.Él lo negaba y lo sigue haciendo en los foros internacionales en donde se presenta ya depuesto, con su mascara de democracia. Pero, por supuesto, muchos sabían que sus intenciones eran muy diferentes.
Zelaya entonces pasó a los hechos contraviniendo las disposiciones legales, permitió la llegada al aeropuerto de Tegucigalpa de un avión procedente de Venezuela con las guías y el material impreso para llevar a cabo su llamada "encuesta". De inmediato el personal de la Fiscalía y el Tribunal decomisaron el cargamento que fue entregado a la Fuerza Aérea Hondureña para guardarlo en sus almacenes de la capital.
El Presidente, al enterarse de los hechos, ardió en cólera y con un séquito de seguidores recupó a la fuerza el l material impreso. Los testigos dicen que Zelaya se llevó todo en camiones, saliendo como triunfador. Ya tenía lo necesario para su gran evento Sin perder un solo minuto, él organizó una cadena nacional para "enseñar", o decir a sus habitantes como votar.
Ya había signos de preocupación en sectores de la población por temor de que su Presidente sucumbiera al canto de las sirenas de una de las dos izquierdas latinoamericanas, la más retrograda y populista, alejada de básicos preceptos revolucionarios.
Al mismo tiempo, representantes de los poderes legislativo y judicial sopesaron los riesgos democráticos que significan los intentos del Mandatario y decidieron actuar.
Curiosamente, sin haberse realizado la anhelada encuesta, los voceros de Zelaya ya estaban seguros del triunfo y anticiparon que 2.5 millones de personas darían el "si" a la propuesta.
Dicho sea de paso, ningún candidato en la historia electoral hondureña ha siquiera soñado con alcanzar tal nivel de votación.Más seguro y cerca de cumplir su meta, Zelaya fue a dormir la noche del sábado 27 de junio. Estaba listo para el descanso luego de largos días que le permitieron pasar por encima de los tribunales y burlar los preceptos constitucionales más sagrados.
La madrugada del domingo, Zelaya fue arrancado de sus sueños y en calzoncillos llevado al aeropuerto en donde fue subido al avión que lo llevaría al exilio de hoy.
Lo demás es parte de una historia que ya conocemos.
En el caso hondureño, ¿Quién lanzó la primera piedra?
Para mí la respuesta es clara. Manuel Zelaya es hoy víctima de su ambición política; fue él quien equivocó el camino en su intento por llevar a Honduras a otro sendero, uno muy diferente al que fue democráticamente electo hace tres años.
Si las cosas no cambian a la publicación de esta columna, una comisión de cancilleres e integrantes de la OEA se estará reuniendo con el nuevo gobierno hondureño. Bien haría esta delegación en revisar los archivos judiciales y electorales que dan cuenta de estos gravísimos hechos cometidos al amparo del poder.
Raúl Peimbert, periodista mexicano, es presentador de los noticieros de Univision en Los Ángeles.rpeimbert@univision.net