La Opinión tiene razón. Me enviaron a Sacramento con el mandato de cambiar la manera de proceder típica de esa ciudad. Y eso es exactamente lo que estoy haciendo.

Por décadas, la rutina característica de Sacramento en lo referente al presupuesto estatal era posponer, posponer y posponer las decisiones difíciles y luego, a último momento, hacer lo mínimo posible para poder abandonar todo y pasar los problemas al año siguiente. La rutina característica es dejar los problemas para más adelante. Este año, insisto en que cambiemos eso. Hay que abandonar esa manera de proceder y esa rutina. No es más que un callejón sin salida.

Por ese motivo me negué a aceptar la estrategia poco sistemática que los demócratas de la Asamblea Legislativa intentaron ofrecerle a California esta semana. Si hubiera firmado esos tres proyectos de ley que hacían referencia solamente a una pequeña parte de nuestro problema de $24.3 mil millones (que a la fecha alcanzó los $26.3 mil millones y continúa creciendo), el único resultado hubiera sido encontrarnos al borde del precipicio en un mes y con un déficit incluso mayor, tener menos lugares donde buscar soluciones y contar con menos voluntad de hacer algo al respecto.

Cuando llegué a California desde Austria, el entonces gobernador Ronald Reagan sostenía que debíamos equiparar la cantidad de nuestros gastos con la cantidad que recibíamos en ingresos, no al revés. Cuarenta años más tarde, tenemos el mismo problema y una vez más podemos hacer el mismo planteo. Sacramento ha pateado el problema hacia delante durante décadas.

Para ayudar a terminar con esta rutina destructiva de una vez y para siempre, propuse un acuerdo —un camino hacia delante. La Asamblea Legislativa y yo estábamos cerca de llegar a un acuerdo para resolver nuestro problema actual. Sin embargo, me niego a firmar más aumentos impositivos después de haber tenido el aumento impositivo más alto en la historia de California hace tan solo cuatro meses. Los demócratas, por su parte, se niegan a hacer importantes y necesarios recortes a los programas para sanear nuestro presupuesto y resolver nuestro déficit.