La inauguración del segundo período de gobierno del alcalde Antonio Villaraigosa no tuvo la pompa, ni el simbolismo de cuando asumió como el primer jefe municipal latino en más de un siglo.

Cuatro años más tarde, la novedad ha desaparecido, las altas expectativas iniciales chocaron con realidades políticas y la crisis económica terminó por aguar el panorama. Aunque significantes, los obstáculos pueden ser superados.

Como primera medida la decisión de Villaraigosa de no aspirar a la gobernación de California reforzó su poder en la ciudad. De esta manera, garantiza una atención completa del alcalde a los desafíos municipales sin distracción externa.

¡Y vaya si hay retos que enfrenta la ciudad!

La crisis económica con su caudal de desempleo y déficit en las arcas municipales es la prioridad a resolver. Los Ángeles sigue siendo una moneda de dos caras cuyas distancias se van ampliando. Una muestra la riqueza opulenta, mientras que la otra, la creciente pobreza.

La seguridad pública que permita una calidad de vida adecuada, las escuelas donde los alumnos aprendan y la conversión de Los Ángeles en una ciudad verde son metas loables que respaldamos. Aunque no es suficiente.

Hay en general un clima de desazón en nuestra ciudad que va más allá de las condiciones económicas. Hace cuatro años el alcalde nos llamó a soñar con él. Ahora su segundo período de gobierno presenta una ocasión para renovar la inspiración y los sueños olvidados. Ha pasado mucha agua por debajo del puente, es hora de mirar adelante.

Los angelinos contamos con que Villaraigosa aproveche esta oportunidad.