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La Corte Suprema de Justicia de California emitirá hoy su decisión sobre la Proposición 8 que pretende prohibir el matrimonio del mismo sexo. Los abogados han hecho su caso ante el tribunal y los distintos grupos de interés han argumentado su posición a través de los medios. Seguro que habrá fuertes reacciones de ambos lados independientemente de la decisión,
Creo que debemos dar un paso atrás y examinar lo que está en el centro del debate: el matrimonio.
El matrimonio es un gran paso en la vida de un ser humano. Es el anuncio público de que dos personas se comprometan entre sí. Se celebra por la familia y con los seres queridos.
Se ha hablado mucho recientemente sobre el casamiento, en particular con la decisión anticipada. Muchas personas han dicho que la institución se encuentra bajo ataque. Considero que el matrimonio ha estado bajo ataque por un mucho tiempo, pero las causas son el embarazo en la adolescencia, la violencia doméstica, el divorcio, y el abuso de alcohol y drogas. En estos ejemplos, el gobierno no toma parte, son las personas dentro de cada matrimonio que causan estos problemas. Un matrimonio funciona cuando dos individuos se quieren y se respetan, independientemente de su orientación sexual.
Como católico, me casé con mi esposa en una ceremonia civil y en una ceremonia en la iglesia. Tanto importaba un matrimonio en la iglesia que tuvimos que encontrar un padre católico en un país luterano (Noruega) para casarnos.
Desde niño, me acuerdo de muchas bodas en mi familia. Desde adolescente comencé a escuchar la pregunta inevitable que muchas familias se preguntan: "¿Están casados por lo civil o por la Iglesia?"
Una ceremonia civil es aceptable, pero una ceremonia de la iglesia es lo más deseable.
Esta simple pregunta tiene sus raíces en nuestra tradición en México y América Latina. Un matrimonio en México es legal sólo si se trata de una ceremonia civil realizada en un local de la Oficina del Registro Civil. Pero para "completar" un matrimonio, se requiere una ceremonia religiosa ante Dios en su iglesia.
En el estado de mis raíces, Jalisco, los requisitos de matrimonio legal son una copia de un certificado de nacimiento, una evaluación médica, un testigo para cada persona que se desea casarse, una tarjeta nacional de salud para las mujeres y un comprobante del servicio militar. El gobierno de México no reconoce ningún matrimonio hasta que haya un matrimonio civil.
De manera similar, las iglesias no reconocen un matrimonio civil porque tienen expectativas mucho más altas, las de cumplir con las normas espirituales y religiosas. Gracias a las protecciones de nuestra Constitución, las iglesias pueden decidir a quien bendicen o no en su matrimonio.
Está claro que las dos corrientes, de gobierno y de religión, chocan en el tema del matrimonio. La misma Constitución que protege los derechos religiosos prohíbe la limitación de los derechos de cualquier persona a los servicios del gobierno. Uno de esos servicios es el matrimonio.
En América Latina tanto como en los Estados Unidos, el gobierno, solo tiene un interés en el matrimonio —recordar el compromiso (el contrato) entre dos personas para otorgar las responsabilidades y derechos de ese compromiso mientras esté vigente. El problema de negar el derecho de matrimonio a las parejas del mismo sexo es este: Al gobierno no le importa quien entra en un compromiso o contrato.
La decisión de la Corte Suprema no se debe ver como conservadora ni liberal. Debe ser basada en nuestra Constitución y la promesa de la igualdad. Dos personas en una relación comprometida, basada en confianza y amor, merecen la dignidad y el apoyo que vienen con el matrimonio. Hay que recordar que la decisión está enfocada solo en el matrimonio civil.
En California, hay que ver un sistema que ya todos conocemos. Al igual que México y otros países de América Latina, tenemos una estructura que permite ceremonias civiles y para los que quieren, una ceremonia en la iglesia.
Seamos claros: las iglesias no tienen que casar a alguien que no quieran casar. Los sacerdotes católicos no casan judíos. Los protestantes no casan ateos. Ni la Iglesia Católica, y ninguna otra Iglesia, se verá obligada a casar parejas del mismo sexo.
Debemos unirnos para reducir los ataques cotidianos contra el matrimonio. Mirando al espejo comunitario, busquemos soluciones a los problemas sociales que dañan los matrimonios existentes y causan problemas en la sociedad.
Como latinos en los Estados Unidos, podemos expresar la compasión y la igualdad que procede de nuestra cultura y nuestra religión. Hay que reconocer que el gobierno es de todos para todos, y que cada persona tiene derecho a los servicios que se ofrecen —incluyendo dos personas homosexuales.
Tenemos una oportunidad colectiva de vivir la muestra que nos dio Benito Juaréz en decir, "El respeto al derecho ajeno es la paz."
Hector De La Torre es asambleísta y aspirante demócrata para Comisionado de Seguros estatal