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El incidente ocurrido en Oakland donde cuatro policías murieron a manos de un individuo con un rifle AK-47 es un ejemplo de por qué se debe restituir la ley federal que prohíbe las armas de asalto.

Los críticos a la prohibición de estas ventas argumentan que en este caso el problema no es el rifle utilizado, sino el hecho que el convicto Lovelle Mixon no tenía derecho a tenerlo en su posesión. Alegan que no es culpa del arma sino de quien lo poseía ilegalmente.

El argumento de que no hay peligro cuando estas armas están en manos de ciudadanos honestos desaparece ante hechos como el ocurrido semanas atrás en Alabama. Allí Michael McLendon , quien carecía de antecedentes criminales, tenía un fusil AR-15 entre el armamento usado para matar a 10 personas, entre ellos familiares, vecinos y extraños. En este caso, las armas que supuestamente coleccionaba McLendon tuvieron el uso mortal para el cual fueron creadas.

La venta de 19 categorías de fusiles de asalto estuvo prohibida por 10 años hasta 2004, cuando se dejó expirar la ley. El ex presidente Bush se ofreció entonces a firmar la renovación, pero el Congreso de mayoría republicana nunca se interesó en el tema.

Los críticos de la prohibición argumentan que esta era una violación al derecho de poseer armas garantizado por la Constitución. Sin embargo, un fallo reciente de la Corte Suprema de Justicia sugirió que las protecciones de la Segunda Enmienda no cubren necesariamente las armas "peligrosas e inusuales".

Creemos la última descripción corresponde a las armas de asalto. Este armamento semiautomático —capaz de ser modificado— está diseñado para uso militar, y sus municiones están creadas para la mayor destrucción del blanco. Estas no son armas tradicionales de cacería ni una pistola de protección individual.