Este tipo de apalancamiento por parte de un partido minoritario solamente es posible debido a la ridícula exigencia de la mayoría de 2/3 de nuestro estado para aprobar el presupuesto y nuestro esquema de ingresos. Mientras que la pelea táctica fue claramente extenuante y deprimente para ambos bandos, una vez que se llegó al punto de inflexión los demócratas cayeron como fichas de dominó. Algunos podrían decir, "es fácil juzgar desde tu lugar". Por supuesto, pero eso no cambia el hecho de que Abel y Arnold tenían una estrategia para lograr enormes concesiones a último minuto que pudieran alterar de manera fundamental el poder en California.

El Partido Demócrata no logró proponer una alternativa más atractiva a los votantes. Hasta los multimilloniarios George Soros y Warren Buffet están de acuerdo en la necesidad de enmendar la Propuesta 13 al menos para segundas viviendas e impuestos a las propiedades comerciales. Es la injusta protección de 1979 de los impuestos a la propiedad según el valor de compra lo que ha destruido nuestro flujo de ingresos. Los demócratas no lograron aprovechar la oportunidad para debatir reformas justas como enmendar impuestos a la propiedad al tiempo que se reducían los impuestos sobre salarios. Los demócratas también podrían haber hecho un mayor esfuerzo para trabajar entre ellos y con aliados para poner un rostro humano a los recortes para generar oposición a los despiadados recortes.

De esa manera quizás el público hubiera tenido que debatir el plan republicano para los recortes, los impuestos a las ventas y los préstamos en contraposición a un plan demócrata hipotético pero alternativo para aumentar los ingresos a través del impuesto a la propiedad comercial al tiempo que hacía recortes difíciles pero más pequeños. Pero el público nunca tuvo ese opción. Los legisladores dirán, "¡no hubo protestas, teníamos que llegar a un acuerdo!". Por supuesto que no hubo protestas, quién gritaría en la capital, "¡Recorten mis programas, tomen dinero prestado y suban mis impuestos AHORA!".