California
Bienvenidos a la nueva California. Tenemos un nuevo sheriff y asistente en la ciudad. Arnold volvió como encargado del orden y tiene un nuevo asistente, el senador Abel Maldonado.
Esta semana los dos lograron casi sin ayuda la aprobación de un presupuesto republicano en un estado tan demócrata que hasta Michael Dukakis podría ganar (bueno, quizás no tanto). Lo increíble es que lo lograron sin hacer prácticamente nada.
Es difícil celebrar un presupuesto que combina tres de las decisiones más terribles que puede tomar un legislador: Aumentar los impuestos, establecer recortes masivos a programas y pedir préstamos en nombre de las futuras generaciones. Pero Arnold y Abel pueden hacerlo. Abel y Arnold protegieron a sus amigos ricos al balancear el presupuesto con un incremento de impuestos regresivos al consumo y la eliminación de crédito por niños dependientes.
Los demócratas no solo votaron los nuevos impuestos (por lo cual pagarán en las próximas elecciones) sino que también por segundo año consecutivo se vieron obligados por los republicanos a realizar recortes de miles de millones de dólares a algunos programas populares, a tal punto que hasta los ciegos y ancianos perderán dinero.
Si bien es fácil decir que a los demócratas no les gustó nada tener que hacer algunos recortes y a los republicanos no les gustó subir los impuestos, la verdad es que los republicanos hicieron lo que quisieron con los demócratas en el congreso. Bueno, Abel y Arnold lo hicieron. No solo hubo seis republicanos que tuvieron que votar el paquete, sino que además Abel y Arnold lograron otras dos importantes concesiones en las medidas a someter a votación especial para decidir sobre un tope obligatorio para el gasto del presupuesto y elecciones primarias abiertas. Ambos temas son un dulce para los republicanos en una California que no podría haber sido dominada por el partido de los grupos de Minute Men sin artimañas.
Este tipo de apalancamiento por parte de un partido minoritario solamente es posible debido a la ridícula exigencia de la mayoría de 2/3 de nuestro estado para aprobar el presupuesto y nuestro esquema de ingresos. Mientras que la pelea táctica fue claramente extenuante y deprimente para ambos bandos, una vez que se llegó al punto de inflexión los demócratas cayeron como fichas de dominó. Algunos podrían decir, "es fácil juzgar desde tu lugar". Por supuesto, pero eso no cambia el hecho de que Abel y Arnold tenían una estrategia para lograr enormes concesiones a último minuto que pudieran alterar de manera fundamental el poder en California.
El Partido Demócrata no logró proponer una alternativa más atractiva a los votantes. Hasta los multimilloniarios George Soros y Warren Buffet están de acuerdo en la necesidad de enmendar la Propuesta 13 al menos para segundas viviendas e impuestos a las propiedades comerciales. Es la injusta protección de 1979 de los impuestos a la propiedad según el valor de compra lo que ha destruido nuestro flujo de ingresos. Los demócratas no lograron aprovechar la oportunidad para debatir reformas justas como enmendar impuestos a la propiedad al tiempo que se reducían los impuestos sobre salarios. Los demócratas también podrían haber hecho un mayor esfuerzo para trabajar entre ellos y con aliados para poner un rostro humano a los recortes para generar oposición a los despiadados recortes.
De esa manera quizás el público hubiera tenido que debatir el plan republicano para los recortes, los impuestos a las ventas y los préstamos en contraposición a un plan demócrata hipotético pero alternativo para aumentar los ingresos a través del impuesto a la propiedad comercial al tiempo que hacía recortes difíciles pero más pequeños. Pero el público nunca tuvo ese opción. Los legisladores dirán, "¡no hubo protestas, teníamos que llegar a un acuerdo!". Por supuesto que no hubo protestas, quién gritaría en la capital, "¡Recorten mis programas, tomen dinero prestado y suban mis impuestos AHORA!".
Debemos terminar con la regla de la minoría en los presupuestos de California mediante la eliminación de la exigencia de los 2/3 para el presupuesto y obligar a Disneyland a pagar los impuestos a la propiedad según el valor actual, de manera que podamos solucionar nuestros problemas presupuestales y al mismo tiempo ser humanos y justos. Hasta entonces felicitaciones a Abel y Arnold. En política se deben poner límites y permanecer firmes en determinados momentos. Abel y Arnold lo hicieron y lograron lo que querían diciendo, "¡no, no, no, …SÍ!".
Javier González es Director Ejecutivo de Strengtening Our Lives (SOL).