Sin fronteras

Todo está consumado. No hay vuelta atrás en Honduras. Que el mundo entero reconozca al nuevo gobierno y se reinstaure el orden constitucional es sólo cuestión de tiempo.

Manuel Zelaya dirá misa: que las elecciones fueron un fraude, que la abstención fue la gran ganadora, que quizás sí o quizás no quiere que lo restituyan en el poder y que ya no quiere negociar con los golpistas. Pero los suyos más parecen pataleos de ahogado que argumentos coherentes.

Aquí lo que ocurrirá será un efecto dominó, nos guste o no. Estados Unidos fue el primero en anunciar que reconocería al ganador de las elecciones. Luego se sumaron Costa Rica, Panamá, Perú y Colombia. Ahora, otros cuantos países que antes estaban a pie juntillas con Zelaya, comienzan sigilosamente a recular.

Los vecinos centroamericanos, España y Brasil ya empezaron a decir que no se pueden ignorar los comicios y que los "gestos" mostrados por el mandatario electo, Porfirio Lobo, pueden llevar a revisar posiciones sobre la legitimidad del proceso electoral.

Hasta la OEA, en boca de su secretario general, se alista para dialogar con el nuevo gobernante. Si una vez pareció que todos los astros se alineaban en favor de Zelaya, ahora debemos decir que está sucediendo exactamente lo contrario.

Para que esta ecuación se consume plenamente sólo resta que el gobernante electo demuestre que es un buen estratega, que sepa manejar meticulosamente los hilos de esta crisis para llevar al país a buen puerto.

Lobo tendrá que enseñar sus dotes de cirujano político capaz de cerrar las heridas no sólo frente a una comunidad internacional todavía un poco escéptica con el curso de los acontecimientos, sino también, y muy especialmente, a lo interno, donde la polarización entre fuerzas pro y anti Zelaya es una asignatura pendiente.