Cuando el mundo veía como un hecho la llegada a un acuerdo que pusiera fin a meses de crisis política en Honduras al lograrse la instauración de un gobierno de "unidad y reconciliación nacional", los acontecimientos de las últimas horas parecen indicar que tendremos que sentarnos a esperar quien sabe hasta cuando.

Uno de los puntos del acuerdo alcanzado recientemente por los negociadores de Roberto Micheletti y de Manuel Zelaya, estipulaba que a más tardar el jueves 5 de noviembre tendría que estar conformado el nuevo gabinete que conduciría al país a las elecciones del 29 de noviembre.

Sin embargo, las negociaciones estuvieron plagadas de vacíos e inconsistencias al grado de no especificar quien presidiría tal gobierno y, sin duda, la antigua norma política de que todo vacío tiene que ser llenado por algo o por alguien, se cumplió rápidamente.

A través de un comunicado oficial, Micheletti afirmó que a principios de semana, había solicitado a los principales partidos políticos y a sus candidatos a la presidencia, además de al señor Manuel Zelaya, una lista de diez personas que podrían integrar el nuevo Gobierno.

Luego de anunciar con bombos y platillos la renuncia de todos sus ministros de facto para dar paso a los nuevos funcionarios, Micheletti cumplió así, parte de su compromiso, pero hábilmente se las ingenió para ser el único en no presentar la dimisión y quedarse, nuevamente, como la cabeza del selecto grupo de políticos entrantes.

Ahora ya sabemos que Zelaya, una vez más, ha dado por muertas las negociaciones y el aparente logro alcanzado por dos representantes internacionales, uno chileno, Ricardo Lagos y otra norteamericana, Hilda Solís, corre ya el riesgo de convertirse en aparente fracaso.