Salud
El pasado octubre celebramos el Mes de la Hispanidad y vimos en la televisión con orgullo el 11vo. aniversario de los premios ALMA por el Concilio Nacional de La Raza. Sin embargo, para nuestra gran consternación los patrocinadores más grandes del evento fueron la compañía Pepsi y su pariente Pepsico. El consumo de sodas ha creado grandes problemas de obesidad en la comunidad latina. Esto fue comprobado por un estudio de la Universidad de California, Los Ángeles, y el Centro de Abogacía por la Salud Publica, revelado el 17 de septiembre. El estudio concluye que los adultos que toman al menos un refresco de soda al día son un 27% más propensos a ser obesos o tener sobrepeso. El mismo estudio encontró que el 62% de los adolescentes entre los 12 a 17 años consumen al menos una soda al día, al igual que el 41% de los niños de 2 a 11 años, y el 24% de los adultos. Si esto parece suficiente, el azúcar es el mayor causante de caries dentales, y un 33% del azúcar agregado en la dieta común proviene de las sodas. Los niños latinos sufren mucho de infecciones bucales y caries, condición que es completamente prevenible si reducimos el consumo de azúcar. La incidencia de la diabetes en la juventud ha aumentado de forma asombrosa y amenaza con convertir a esta generación en una de amputados (una de las varias complicaciones graves que pueden resultar de la diabetes desatendida).
A pesar de toda esta evidencia médica y científica, muchas organizaciones nacionales y estatales continúan apoyando esa industria cuando se trata de imponer impuestos a la venta de sodas y refrescos azucarados. Hay una propuesta que se ventila en el Congreso y recientemente en California y Nueva York, es un pequeño impuesto de un centavo que pagaría por los servicios de salud y nuevas oportunidades para construir o mejorar parques en vecindarios locales. El gran reto que enfrentamos es que las sodas son percibidas por mucho tiempo como una bebida tradicional y natural en nuestras comunidades. En México el consumo es de los mayores en el mundo entero, y las compañías de refrescos se aferran al lugar que ocupan en la vida cívica y sus donaciones a escuelas y servicios sociales.
Es común, beber soda a bajo costo en lugar de comprar agua u otros jugos naturales o bebidas saludables, se suma al hecho de que muchas comunidades no tienen agua potable, aún en California. La falta de abastecimiento de agua es una crisis real en varias áreas del estado, y existe una competencia entre intereses agrícolas y los residentes debido a la conservación de agua. Desafortunadamente las familias de menos recursos y gente pobre acaba pagando más dinero si desean tomar la ruta saludable y comprar agua.
La solución no puede ser tomar más sodas, sino solucionar las prioridades del estado y hacer llegar más agua pura a las comunidades latinas.
Frente a estas realidades, no es un curso aceptable continuar un mal hábito que es prominente en nuestra cultura y perjudicial a nuestra salud . No debemos rendirnos o dejarnos manipular por las compañías millonarias. Es más importante que nunca que las voces de líderes latinos no suenen una nota de discordia. O peor aún, que apoyen a la industria refresquera de manera autómata o carente de conciencia.
Al Santana es director ejecutivo de la Coalición Latina Latino para una California Saludable. California. Genoveva Islas-Hooker es coordinadora regional del Programa para Prevención de la Obesidad.
El pasado octubre celebramos el Mes de la Hispanidad y vimos en la televisión con orgullo el 11vo. aniversario de los premios ALMA por el Concilio Nacional de La Raza. Sin embargo, para nuestra gran consternación los patrocinadores más grandes del evento fueron la compañía Pepsi y su pariente Pepsico. El consumo de sodas ha creado grandes problemas de obesidad en la comunidad latina. Esto fue comprobado por un estudio de la Universidad de California, Los Ángeles, y el Centro de Abogacía por la Salud Publica, revelado el 17 de septiembre. El estudio concluye que los adultos que toman al menos un refresco de soda al día son un 27% más propensos a ser obesos o tener sobrepeso. El mismo estudio encontró que el 62% de los adolescentes entre los 12 a 17 años consumen al menos una soda al día, al igual que el 41% de los niños de 2 a 11 años, y el 24% de los adultos. Si esto parece suficiente, el azúcar es el mayor causante de caries dentales, y un 33% del azúcar agregado en la dieta común proviene de las sodas. Los niños latinos sufren mucho de infecciones bucales y caries, condición que es completamente prevenible si reducimos el consumo de azúcar. La incidencia de la diabetes en la juventud ha aumentado de forma asombrosa y amenaza con convertir a esta generación en una de amputados (una de las varias complicaciones graves que pueden resultar de la diabetes desatendida).
A pesar de toda esta evidencia médica y científica, muchas organizaciones nacionales y estatales continúan apoyando esa industria cuando se trata de imponer impuestos a la venta de sodas y refrescos azucarados. Hay una propuesta que se ventila en el Congreso y recientemente en California y Nueva York, es un pequeño impuesto de un centavo que pagaría por los servicios de salud y nuevas oportunidades para construir o mejorar parques en vecindarios locales. El gran reto que enfrentamos es que las sodas son percibidas por mucho tiempo como una bebida tradicional y natural en nuestras comunidades. En México el consumo es de los mayores en el mundo entero, y las compañías de refrescos se aferran al lugar que ocupan en la vida cívica y sus donaciones a escuelas y servicios sociales.