Educación
En su programa por PBS, Bill Moyers comentó que cuando el presidente Obama asumió el poder, la gente notó que "Éste es un momento digno de Roosevelt".
James K. Galbraith, hijo del famoso economista y él mismo un académico formidable, respondió: "El público de hecho quería un momento digno de Roosevelt", pero añadió que la situación de Obama "es mucho más similar a la de Herbert Hoover".
Aquéllos que conocen la historia presidencial reconocen que Hoover, republicano, asumió la presidencia tras una victoria contundente en 1928. Apeló a los esfuerzos de voluntarios para lidiar con el fracaso de la Bolsa que inició la larga depresión económica a un año de haber asumido su cargo.
Hoover aplicó las herramientas del pasado más una esperanza y una oración para enfrentar un enigma económico, pero fueron respuestas lamentablemente limitadas para lo requerido. La solución equivocada puede empeorar las cosas cuando de una revisión se trata, la cual emergió después de elegir a Roosevelt.
Si juzgamos de acuerdo con la actual discusión sobre la educación, se pensaría que nadie aprendió nada del pasado. Aquel tema y el de la reforma migratoria, ambos de enorme importancia para 51 millones de hispanos, se considera en gran parte que forman parte del programa de la Casa Blanca después del debate sobre la reforma del sistema de salud. Pero, ¿qué nos están ofreciendo, reforma o el pasado recalentado?
El libro, The Obama Education Plan, recientemente publicado por la respetada editora Education Week, ofrece perspectiva sobre lo que piensan y proponen los que tienen influencia. La gran parte del informe vuelve a recorrer de la pe a la pa las quejas y las expectativas: La infancia, no dejar a ningún niño atrás, la matemática y la ciencia, los que desertan la escuela, el premiar a los maestros, el costo de la universidad, etc.
Claro que los datos están actualizados, los más recientes casos ejemplares notados, y las contraseñas de momento aplicadas; de otra forma, es una reprogramación de los últimos 40 años que ha dejado para la burla el término "reforma" cuando se emplea en la misma frase que "educación".
Es notablemente obvio cuántos grupos de interés propio existen y cómo sus proyectos preferidos se impulsan como si fueran imperativas. Son muy pocos entre los "educadores" influyentes quienes reconocen que hoy no es 1970, ni que ésta es una nación que ha cambiado demográficamente. Por ejemplo, la juventud de hoy es una referencia para los que tienen entre 16 y 25 años de edad, que probablemente son hispanos, o en la escuela o en el trabajo.
En una sección del libro titulado "Advice for the President" (Consejo para el presidente), la investigadora de UCLA, Kris Gutiérrez tiene el valor de notar que lo que se requiere es "cambiar el discurso sobre la educación". Indica que la vida cotidiana de la gente, no sólo de los tecnócratas "telegrafiando políticas individuales para arreglar esto y cambiar lo otro", es central.
Tiene razón. Con la experiencia al borde de la muerte financiera y económica que acabamos de soportar como nación, ¿qué nos depara el futuro? Y, ¿cuál es el nuevo rol que debe jugar la educación para mejorar las cosas?
Esta pregunta no es poca cosa. Marc Tucker, en la misma publicación, señala que los Estados Unidos tiene uno de los sistemas educativos más costosos y de menor rendimiento, del mundo industrial. Se dirige a poner al mando mejores instructores, similar a los médicos que son gerentes de hospitales. Promueve un nuevo sistema que, gracias al cielo, no se denomina "reforma", sino "rediseño".
La vieja matriz de ver cuánto dinero hay que gastar es una medida engañosa porque asignamos el doble a la educación secundaria. Midiendo a los graduados de la secundaria, caemos al número 18 de las 36 naciones industrializadas, según la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo. No obstante, por qué esperar algo diferente si nuestra educación pública se destinaba para una sociedad industrial que va desapareciendo. Tucker lo llama "un diseño que no funciona".
Muchos grupos e individuos defensores de los derechos de los latinos han estado o del lado erróneo del debate o no están al tanto del pensamiento de vanguardia. Esto tiene importancia por que pronto se les invitará al casino de la política y entregar su casi 70% de votos a favor de Obama a cambio de fichas para jugar al póker de la administración. Pero el electorado latino no votó por soluciones tipo Hoover. Votó por el futuro. Quería una mejora al estilo FDR, para la nación y para sus hijos que van a la escuela.
José de la Isla fue profesor asistente de educación en la Universidad de Oregon. Él redacta un comentario semanal para Hispanic Link News Service. joseisla3@yahoo.com.