Actualidad política
La pasada semana me tocó cubrir una protesta que, en sí misma, no tuvo ningún efecto sobre el panorama nacional. Pero creo que lo que pasó tiene mucho que ver con las dificultades en llevar a cabo la reforma de salud.
Un grupo de unos 8 manifestantes pacíficos, incluyendo un médico preocupado y un padre de familia que perdió a su hija hace dos años víctima de una enfermedad mortal, protestaron en las oficinas de CIGNA en Glendale e hicieron un plantón, buscando llamar la atención hacia sus críticas sobre las compañías aseguradoras, a las que acusan de poner ganancias por encima de la salud de sus pacientes.
Ese grupo fue recibido por entre 30 y 40 agentes de policía de Glendale, la mitad de ellos con equipo anti motín, casco y cara de pocos amigos, que resguardaron el lobby del edificio durante más de dos horas, hasta que por fin, cansados de esperar a que el grupito se parara del suelo y dejara de cantar himnos de los años sesenta, los arrestaron por invadir propiedad privada.
La policía se comportó con profesionalismo. No hubo empujones ni desorganización. Un sargento iba preguntando a todos los que estábamos allí si teníamos credencial de rensa. Los que no tuvieran iban a ser arrestados. Mucho mejor que el LAPD de antaño e incluso el de aquel día fatídico en MacArthur Park cuando repartieron palazos a todos, incluyendo reporteros.
Pero algo que allí se dijo creo que resume simbólicamente el problema que existe con la reforma de salud. El padre de familia, un técnico de la Mercedes Benz que perdió a su hija de 17 años luego que el seguro tardara en aprobarle un tratamiento que inicialmente calificaron de "experimental", se dirigió hacia los policías anti motines. "¿Ustedes están aquí para proteger a CIGNA o a la ciudadanía?", dijo.







