El Senado federal tiene planeado comenzar hoy con el debate sobre la reforma del sistema de salud. El proceso en la Cámara Alta será largo y complejo, con negociaciones interminables y consensos desagradables. Lo importante es que al final del proceso se apruebe una medida que aumente la cantidad de personas con cobertura médica, que se brinde una atención de calidad y se controle los costos del sector.

A esta altura las opciones son contadas. Por un lado, está la propuesta aprobada por la Cámara Baja que amplía la cobertura médica para más gente, regula a las aseguradoras para que no rechacen pacientes, otorga subsidios para compra de primas, crea un mercado para obtención de seguros y una opción pública de último recurso. Por el otro, los congresistas republicanos tienen su plan que impone límites a las demandas legales de pacientes contra proveedores de atención, crea cuentas de ahorro para pagar gastos de salud y da mayor libertad a la industria del seguro que la propuesta demócrata. La tercera opción es no hacer nada, lo que significa costos más altos y menos gente con seguro médico.

El estatus quo es inaceptable y rechazamos los cambios en que no tienen como prioridad la ampliación de la cobertura para más gente y la protección del paciente. La reforma aprobada por la Cámara Baja es injusta con los indocumentados y más restrictiva en el planeamiento familiar, pero hay tiempo y espacio en el proceso de reconciliación de medidas para corregir el plan final. La meta ahora es conseguir los 60 votos necesarios en el Senado para poder aprobar una legislación con la menor cantidad de restricciones.