La tragedia en Fort Hood ha embargado de tristeza a la nación. El ataque inesperado contra los soldados por parte de uno de ellos mismo ha estremeció a todos. De por sí, ya es difícil aceptar la pérdida de vidas estadounidenses en los campos de guerra en Irak y Afganistán para que la muerte les llegue en un incidente como el ocurrido la semana pasada en Texas.

Poco a poco se ha ido revelando el perfil del supuesto agresor, el mayor del ejército Nidal Hasan, un siquiatra que profesa la religión musulmana y que aparentemente tuvo una profunda crisis que lo llevó a cometer esta masacre. Las características generales de este crimen exigen una investigación profunda y mucha cautela para evitar interpretaciones apresuradas.

Por eso nos sorprendió la decisión del senador Joseph Lieberman, quien preside el Comité de Inteligencia del Senado, de investigar si Hassan, que aun no ha sido acusado, cometió un acto de terrorismo. Creemos que las palabras del legislador son irresponsables e introducen un peligroso contexto político a lo que hoy es una tragedia humana. Es inevitable preguntarse porque para el senador una crisis sicológica de un individuo que desemboca en una masacre —algo que no es ajeno en nuestra sociedad— toma ribetes de terrorismo si el supuesto autor es musulmán.

Están circulando muchas versiones de un profundo conflicto personal que sentía Hasan, desde lo religioso al desgaste mental de atender a maltrechos sobrevivientes de la guerra y el presunto hostigamiento que sufrió a manos de sus camaradas por ser musulmán. Todo esto, y más, debe ser investigado y aclarado por las autoridades antes que el Congreso se meta a buscar terroristas.