El Sr. José Ordoñez de San Francisco que me escribe con frecuencia usa sólo las palabras absolutamente indispensables al hacerlo. Ahora me pregunta: "Don R [sic] en su posición política ¿por qué es usted enemigo de los ricos y prefiere a los demócratas?".
Eso es todo, poco y... demasiado.
Me quedé de una pieza, porque ni tengo posición política, ni he estado en contra de los ricos, bueno, de ciertos ricos, ni he estado a favor ni en contra de los demócratas y me parece absurdo implicar que el país pudiera estar dividido en dos, de un lado todos los ricos y del otro los demócratas; la división a raja tabla que hace don "J" es un tanto absurda.
Y si no escribo de mis preferencias políticas, que las tengo, es porque procuro ser independiente e imparcial en estos momentos en que cuesta mucho trabajo serlo. Pretendo no caer en el deporte de destrozar a otros en la olimpiada política que estamos viviendo.
Estas campañas de vilificación del contrario son lo más opuesto a lo que yo entiendo por un sistema democrático excepcional como el estadounidense que da libertad de pensar y de hablar, pero demanda tolerancia para las opiniones ajenas: Es bello disentir y ser respetado y, mejor aún, respetar a los que no estén de acuerdo con uno.
En la actual campaña presidencial falta ese respeto mutuo... La insultante agresividad es solamente muestra de debilidad.
Yo tengo algunos amigos que no creen en nada de lo que yo creo... y seguimos gozando de nuestra amistad; a veces sacamos chispas, pero se las lleva el viento.
Me gusta poder dar mi voto a "favor" de quien yo considere va a gobernar mejor y no votar por él por estar en "contra" de su opositor.
Por lo visto en esta campaña, oyendo hablar a los candidatos, uno del otro y otro del uno, pareciera que ninguno de los dos tiene méritos y capacidad para gobernarnos; parecen enemigos y no aspirantes a presidente de todos. Cada uno se atribuye virtudes que quizás no tenga y a su opositor defectos que quizás tampoco tenga.
¿Los programas? Ah, sí... los programas (¿?).
No estoy en contra de analizar las personalidades. Es más, para gobernar al país más poderoso del mundo se necesita gente capaz y veraz, y hay que asegurarse que lo sean.
El país no aguanta más guerritas insensatas, ni más caprichos, ni más mentiras disfrazadas de patriotismo, ni el uso del miedo como arma política, ni más desprecio a nuestras libertades y derechos civiles. Demanda atención inmediata para combatir una inflación que nos ahoga, más atención a nuestra economía y ya, pero ya, no más misterios en la administración del país, ni tan gigantesco déficit.
¿Quién tiene capacidad para hacer todo eso?
¿Quién es lo suficientemente honesto para no mentirnos?
Eso es todo lo que se tendría que preguntar en estos momentos.
En esta campaña la verdad está colgada con una soga al cuello de un árbol llamado política y ahí quedará hasta que alguien haya llegado al poder y deje de mentir para conservarlo como se hace actualmente. Distorsionar la verdad no es aceptable en un país en que es delito mentir a la policía, pero hay poderosos que le mienten al pueblo una y otra vez y... no pasa nada.
En la campaña electoral me parece una bajeza usar mentiras o tergiversar verdades, para desacreditar al oponente... y eso se hace todos los días... ¡Qué lástima y qué pena!
Pero volviendo a don "J": no he sido enemigo de los ricos, esos ricos que han trabajado para serlo, que lo merecen... He estado en contra de los pillos, que abundan por ahí, que se han enriquecidos por uno de esos abundantes y misteriosos actos de corrupción tropical y han venido aquí a disfrutar de su mal habida fortuna; aquí donde es menos peligroso lucir riqueza que en su tierra.
Y claro, estoy en contra de los ricos del vicio… los que envenenan a nuestra juventud con las drogas y su dinero.Tampoco me convencen esos dirigentes que ganan millones llevando a una empresa al fracaso y a sus accionistas a la miseria; esos, a los que, para que se vayan se les regalan millones.
Voy a ponerlo en otra forma: ¡no soy enemigo de los ricos, soy enemigo de la pobreza!
Con lo que se ha gastado en Irak y lo que falta por gastar, todo el pueblo de Estados Unidos podría tener seguro médico, los niños y jóvenes del país podrían tener toda su educación asegurada y gratuita.
Sé, porque me lo han dicho, que eso suena a una socialización de la medicina y se le tiene miedo. Quizás tengan razón, pero los que no tienen recursos para ver a un médico y tampoco tienen con qué comprar las medicinas, a esos no les importa como le llamen a eso... ellos lo necesitan y ya.
Nada de esto es demócrata o republicano, es humanitario, como humanitaria debe ser nuestra democracia.
¡Ah, don "J", yo no soy enemigo de nadie... sólo lo soy, como ya dije, de la degradante pobreza aquí, en Latinoamérica o en cualquier parte del mundo.
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