Me dice José Javier, JJ para los amigos, con quien me encuentro cada 15 días en una ambulante venta de libros usados de la que es copropietario (el padre regentea la seda central, si es que puede nombrarse así el establecimiento empotrado entre bares y puteríos del área central de San Salvador), me dice, con énfasis y sabiendo que sus palabras son dinamita: mire, es que el problema de Mauricio Funes es el FMLN.
Me retiro después de adquirir por cuatro dólares, una módica suma, tres libros: Organón de la medicina (Samuel Hahnemann), Papillon (Henri Charriere) e Internacionalismo pop (Paul R. Krugman). ¡Misterios del mercado!
Mientras camino hacia mi vehículo trato de sopesar la frase de JJ. ¿Es que resulta evidente para el vasto pueblo la rigidez del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)? Enciendo el motor, la frase de JJ sigue inquietando; meto primera; inicio la marcha; tomo la calle que me conduce hacia mi oficina: pero… a los pocos minutos, decido regresar adonde JJ. Debo profundizar en esa frase que lanzó.
Vencedor y retador a la vez, JJ me espera en su puesto de libros. Sabe a lo que llego. Soy como un toro picado. Ajá, analista, le digo, explíqueme cómo está eso de que el problema de Mauricio Funes es el FMLN.
Las campañas electorales, y más ésta que se ha activado antes de tiempo en El Salvador, aguzan el ingenio analítico ciudadano. Y esto, a contrapelo de los torpes y muchas veces estúpidos mensajes que los partidos políticos derraman de un modo compulsivo a través de los medios de comunicación.
La conversación discurre sin poses ni altercados. Él, efemelenista de hueso duro, pero suficientemente inteligente y joven como para tener los pies sobre la tierra, cree que su partido siempre va por detrás, varios pasos, de los hechos principales.
Fíjese, me dice, cuando había que abrirse y salirle al paso a la derecha, viene la dirigencia del partido y lanza de candidato a Schafik Handal. ¿Y qué resultó? Pues que perdimos, y podíamos ganar. Ahora, cuando se deciden por Mauricio Funes, como candidato presidencial, incluso dándole la espalda a todo el proceso abierto y deliberativo anterior, porque hay que decirlo, la dirección decidió, aunque la base lo haya aclamado, ahora, me insiste, que tenemos todas las de ganar, porque ellos (se refiere al partido Alianza Republicana Nacionalista, Arena) llevan un mal candidato, hay una crisis económica pavorosa y el gobierno ya no puede ni dar migajas, ¿qué hace la dirigencia?, se complica y saca los colmillos al presentar un voluminoso programa de gobierno. ¿O no?
JJ tiene un razonamiento lógico que no deja de asombrarme, porque al escuchar las declaraciones de algunos dirigentes del FMLN casi de tres frases que dicen dos son contradictorias.
Mauricio Funes presentó el resumen ejecutivo de ese programa de gobierno (¡que dicen que tiene como 90 páginas!) el 17 de agosto pasado y fue aprobado de forma abrumadora por los miembros de la convención. Pero eso es lo de menos, porque muy pocos lo van a leer, tanto el resumen ejecutivo como el documento de 90 páginas.
Lo importante es la concepción que se expresa en el abultado programa de gobierno.
JJ me informa que gracias a que un buen amigo suyo participó en la convención ha tenido oportunidad de hojear el dichoso grueso programa. Por eso, me dice, sé de lo que le hablo cuando le digo que el problema de Mauricio Funes es el FMLN.
Es que eso parece la carta al Niño Dios: un listado interminable de propósitos de toda clase de cosas. Yo no sé de economía y medio entiendo de política, me afirma JJ, pero creo que no hay que ser un genio para establecer cinco o seis ejes fundamentales que un nuevo gobierno debe asumir.
Está en lo cierto JJ, es tan complicada la situación de El Salvador que se requiere de suma destreza política para caminar sobre ese terreno minado en el que está dejando Arena la administración pública. Jugar al malabarismo verbal es peligroso.
No tengo ni idea del tiempo que ha transcurrido mientras converso con mi amigo el analista, y debo salir de allí para atender mis ocupaciones. La tarde está tierna aún.
Nos despedimos con muestras de fraternidad. Esperanzados, quizás.
Ya cuando estoy un poco lejos, JJ me grita, ahogándose de la risa: y eso que no se supo que el documento original tenía 180 páginas.
Jaime Barba es periodista y escritor salvadoreño.







