Los poderes afianzados se sienten incómodos con los votantes a los que se dirige ACORN. Esos poderes temen a la población latina que se extiende rápidamente en el país y la inevitable marcha hacia un día en el que la mayoría de los estadounidenses provendrá de grupos raciales minoritarios.

Es el temor de que los que no tienen poder se conviertan en poderosos, de que los que no tienen voz sean escuchados. Es el temor hacia los 148 mil nuevos votantes inscritos por ACORN en Pennsylvania, 152 mil en Florida, 217 mil en Michigan y 238 mil en Ohio. Es el temor de que las personas pertenecientes a minorías en todo EEUU finalmente podrán hacer oír su voz en nombre de sus comunidades.

Pero el trabajo de ACORN y otros grupos de derechos civiles no termina en las urnas de votación. La lucha continúa en cada rincón de nuestras vidas, desde la reforma de la salud hasta la vivienda y la justicia penal.

ACORN fue uno de los primeros grupos y de los que más se hizo oír al exigir la reforma de las leyes de hipotecas de alto riesgo y préstamos usureros, mucho antes de que esos sectores arrastraran a nuestra economía hacia la crisis.

En New Orleans, ACORN reunió a miles de residentes desplazados para darles una voz amplificada y poderosa en el resurgimiento de su ciudad. En todo el país, ACORN ha organizado a millones de representantes con remeras rojas que llenan las reuniones en los concejos municipales y las audiencias legislativas para luchar por políticas públicas justas y equitativas para todos.

En el fondo, ACORN trabaja para garantizar que nuestros niños tengan buenas escuelas, que todos nuestros vecindarios sean asequibles y saludables y que todas nuestras familias tengan seguridad económica. Pero sólo podremos hacer que nuestros sueños sean realidad si nos unimos como una fuerza poderosa que busca el cambio.