La activista Margarita Nemecio lamenta suicidios de migrantes de Guerrero, México. Claudia Núñez/La Opinión
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El primer cuerpo era de un joven que no tenía más de 26 años. En menos de cuatro meses un segundo caso de suicidio llegó al consulado de El Salvador en Los Ángeles. Ambos se habrían quitado la vida cansados de permanecer como indocumentados. Uno de ellos, de hecho, estaba a un paso de la deportación.

"No sabemos hasta dónde la persecución migratoria y el ambiente antiinmigrante esté afectando a la comunidad, pero definitivamente está teniendo un impacto en la salud mental de nuestros migrantes. Cuando amigos y familias de ambos casos nos notificaron que los suicidas estaban desesperados por no tener papeles, por la falta de oportunidades y que uno de ellos tenía orden de deportación, fue claro que algo estaba pasando ", comentó Soudi Jiménez, portavoz del consulado de El Salvador en Los Ángeles.

Con la ayuda del consulado, los cuerpos de los dos salvadoreños fueron enviados a su país.

Sin embargo, estos incidentes no son aislados.

En junio de este año, el salvadoreño José Armando Ramos apareció colgado en su apartamento del sur de Chicago.

En la última conversación que mantuvo con su familia, Ramos, al igual que sus dos compatriotas de Los Ángeles, narró en medio del llanto su desesperación por no tener documentos legales y la falta de oportunidades laborales dignas para los trabajadores indocumentados, según reportes del periódico Chicago Tribune.

El 4 de marzo, la policía de Marlborough, Massachusetts encontró al brasileño Gustavo Rezende, de 19 años, colgando de un árbol en un bosque cercano a su casa.

La madre de Rezende declaró a la prensa: "Él siempre decía: ‘He estado aquí 11 años y no tengo derechos... No tengo derecho a una licencia de conducir, no tengo derecho a seguir estudiando, no tengo derecho a nada’".