La escena en Valle Paraíso en La Cañada Flintridge distaba mucho de su nombre. Decenas de casas completamente destruidas, carros soterrados, calles aún inundadas de lodo, excavadoras, palas, caras largas y residentes defraudados con las autoridades por no anticipar los deslaves que provocaron la destrucción, dominaban el entorno.
Ni la visita del gobernador Arnold Schwarzennegger, junto a congresistas federales, asambleístas y autoridades municipales, que empezaron a estimar los daños causados por los deslaves, logró quitar el descontento de varios residentes que perdieron todo.
"Me siento enojado, nadie, absolutamente nadie, nos vino a decir nada, en una hora y media de lluvia casi pierdo hasta mi hijo", dijo el dueño de lo que fue una casa ubicada en el 2020 de la Menistee Drive, mientras sacaba fotografías, recuerdos y objetos de valor de su casa. "Nadie dio nunca una luz verde para que saliéramos, por dos horas, nadie se apareció por estos rumbos", agregó molesto y pidió que por favor no ocupáramos su nombre.
Y su enojo dijo, no es para menos, la tormenta que cayó sobre el Sur de California durante el sábado destruyó su vivienda junto a la de otros 43 vecinos de esta acomodada zona del noroeste de Los Ángeles, tomando por sorpresa a muchos, incluyendo a las mismas autoridades que semanas atrás tomaban precauciones extremas como la evacuación forzada de miles de residentes.
Los daños solamente en propiedades se estiman serán arriba de las decenas de millones de dólares, sin contar los gastos de limpieza, pero hasta ayer las autoridades aún no daban un estimado oficial.
" ¿Viste los titulares? ‘Lluvia ligera’, eso es lo que todos esperábamos, no la tormenta que tuvimos", dijo a La Opinión el concejal de la ciudad de La Cañada Flintridge, Greg Brown, cuando se le increpó porqué las órdenes de evacuación no fueron puestas ante las lluvias venideras como hace un par de semanas. "En la otra sí esperábamos una gran tormenta, en ésta no, pero estos son los riesgos de la predicción del clima", agregó.
Según Nicole Nishida, vocera del Departamento del Sheriff del condado de Los Ángeles, las evacuaciones llegaron alrededor del medio día del sábado y se mantuvieron hasta ayer domingo a las 11 de la mañana para casi 500 residencias en Acton, La Cañada y La Crescenta.
La lluvia sin embargo ya había empapado desde la noche anterior las desnudas colinas de esta zona devastada por los incendios forestales del verano pasado y había rebasado una de las cuencas de protección de deslaves a pocos metros del lugar.
"Esta vez no hubieron advertencias, estábamos completamente desprevenidos", dijo en tono molesto Karineh Mangassarian, una residente de la misma calle que vio la visita del gobernador sin mayor emoción. "Y lo peor, es que sólo vinieron a despejar la calle y poner más lodo frente a mi casa", agregó.
Según Bob Spencer, vocero del Departamento de Obras Públicas del Condado de Los Ángeles, las cuencas habían sido limpiadas desde hace dos semanas usando casi 300 camiones de carga y casi 50 mil descargas desde este lugar.
Para Mukdab Ibrahim, otro residente que perdió su casa, el esfuerzo no fue suficiente.
"Alguien tiene que pagar por ésto" ,dijo mientras señalaba su carro levantado por los rieles de protección que cedieron a la presión de los escombros y su cochera completamente destruida. "Oigo que mencionan a FEMA [Agencia Federal de Emergencias], el gobernador, lo que sea, pero que hagan algo, préstamos sin intereses, que nos ayuden", agregó.
Según Spencer, la cuenca Mullay que protege a La Cañada, es de solo 10 mil pies cúbicos y se ha vuelto a llenar, por lo que más de mil empleados siguen trabajando contra el reloj para vaciarla y preparase para una posible lluvia este martes.
El gobernador dijo tras su recorrido que traerá toda la ayuda disponible a nivel federal y estatal que pueda conseguir para estas personas.
"Estoy respondiendo al desastre para poder calcular los daños y actuar en base a las necesidades", dijo en las esquinas de la Calle Derwood Drive y el Bulevar Ocean View, que el sábado se convirtió en un río de lodo que trajo destrucción a su paso. "Después de las tormentas de hace dos semanas pensamos que estaríamos fuera, pero estas lluvias trajeron un daño impresionante", agregó.
De las 43 casas dañadas en La Cañada y La Crescenta, al menos 9 de ellas están completamente etiquetadas como inhabitables y por lo menos 25 vehículos fueron dañados por la corriente de lodo y escombros.
En la zona oeste de Los Ángeles, también se reportaron daños en algunos comercios sobre la Calle Melrose e inundaciones en calles del oeste angelino.
Iris Silver, dueña de la joyería Glow, dijo que al menos un pie de agua destruyó parte de su su negocio ubicado cerca de la esquina con la Calle Vista.
"El piso estaba inundado, perdí mercancía, se dañaron algunas paredes", expresó. "Ni quiero saber todavía cuánto daño ocasionó la lluvia", agregó.