Tras muchos intentos, Álvarez logró salir en libertad bajo fianza. Actualmente está en su tercer intento de apelación ante el Noveno Circuito. Pero sabe que va a perder la apelación.

"Estoy tratando de ganar tiempo", comenta Álvarez, quien vive con su familia en Aliso Viejo, en el condado de Orange. Cuando estaba detenido por la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), en El Centro, solicitó la naturalización para ver si se la otorgaban. Después de todo, los soldados reciben actualmente un proceso acelerado y generoso de naturalización, incluso si no son residentes, sobre todo cuando han servido en tiempos de guerra.

Su caso no ha sido negado, pero tampoco aprobado. Pero lo más probable es que no se la otorguen. Una de las condiciones que los veteranos sí deben cumplir —a pesar de que se les exime de varias otras— es la "buena conducta moral". Es decir, no haber cometido delitos.

Es más facil decirlo que hacerlo, señala Robyn Sword, quien junto con algunos de los soldados fundó el grupo Veteranos Desterrados, que busca difundir su situación.

Sword es la novia de Rohan Coombs, un veterano jamaiquino que sirvió en la primera guerra del Golfo y regresó sufriendo de PTSD (Síndrome de Estrés Postraumático), un desorden mental que no se tomó en serio hasta hace pocos años y que muchos soldados sufren al regresar de conflictos.

"Él sufría de PSTD sin saberlo, y luego su esposa murió poco antes de Navidad, y el problema creció. Comenzó a caer en picada, empezó a usar marihuana y a tomar para tratar de paliar los sentimientos que tenía. Se metió en problemas varias veces y fue convicto en tres ocasiones por delitos de droga", comenta Sword.