Stank Brock, a la cabeza de Remote Area Medical. [Foto: Isaías Alvarado/La Opinión]
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Corría el año de 1950 en la frontera norte de Brasil, cuando Stan Brock montaba un caballo salvaje. El animal había matado a dos jinetes, y el joven inglés casi corre con la misma suerte.

Al accidentarse sobre el cuaco y quedar herido de gravedad, Brock conoció el rostro de la pobreza extrema: el médico más cercano se encontraba a una distancia calculada en 26 días de camino a pie.

"Lo que pensé después fue que esa gente que vivía en las afueras necesitaba médicos que estuvieran un poco más cerca", recordó.

Su idea retomaba aquel dicho popular de que Mahoma fuera a la montaña si ésta no venía hacia él. Así creó un programa de visitas médicas en comunidades apartadas, que en portugués se llamó Medicinas Em Áreas Remotas.

Casi 60 años después de aquel incidente, Remote Area Medical (RAM), de la mano del propio Brock, se ha convertido en la feria de salud más grande de Estados Unidos.

Tan sólo en una semana —del 11 al 18 de agosto— se calcula que provea asistencia dental, óptica y exámenes físicos de manera gratuita a más de 8,000 personas. Siempre y cuando logren obtener una ficha de acceso al estadio LA Forum de la ciudad de Inglewood. Casi una misión imposible.

El primer día de la feria se repartieron 1,500 números —a familias que incluso pasaron la noche en largas filas— y sólo se atendió a menos de la mitad.

"¡Doscientos cuarenta y nueve!", gritaba un voluntario a la multitud que esperaba su turno. Frente a ellos, un ejército de hombres de bata azul limpiaba y extraía dientes, practicaba pruebas de la vista, consultas familiares y tratamientos. Otros repartían comida y agua.