Ekatherine Bautista dice que volvería a Irak. [Fotos: J. Emilio Flores/La Opinión]
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Los minutos transcurrían y todos sonreían nerviosos. Don Luis daba vueltas por la sala de espera del aeropuerto, doña Patricia pretendía no estar impaciente. La familia entera volteaba a la salida, por donde cientos de viajeros se encontraban con sus familiares. Ellos sólo aguardaban.

Hace dos semanas su hija, la sargento del Ejército estadounidense Ekatherine Bautista, les avisó que se prepararan para lo peor.

Bautista, quien durante siete años sirvió en las Fuerzas Armadas, recibió una notificación mientras se encontraba asignada en Alemania: el gobierno estadounidense le informaba de su baja en el Ejército y le avisaba que, debido a su situación de migrante indocumentada, podría ser arrestada tan pronto llegara a suelo estadounidense.

Bautista sirvió un año en el frente de batalla en Irak, entre 2004 y 2005. Su deseo de servir a la que considera su patria había estado ahí siempre, pero se avivó tras los ataques terroristas de 2001.

Entonces Ekatherine se enroló en el Ejército presentando los documentos de un familiar como propios. Al momento de aceptarla, las autoridades identificaron que la joven utilizaba dos nombres, pero aun así le extendieron un contrato por cuatro años y se lo renovaron por otros cuatro.

"Yo estoy orgullosa de ella, de lo que ha hecho en el Ejército", decía su hermana, Cindy Jiménez, mientras ansiosamente esperaba verla aparecer. "Es una injusticia que ella haya estado peleando por su país en Irak, arriesgando su vida, y que ahora le paguen así", comentaba.

La familia tenía más de tres años sin ver a Ekatherine. La mujer, de 34 años, partió por primera vez hace siete años, dejando a su hija Mizhrua, hoy de de 14, a cargo de sus abuelos. Abrumada por la atención, la jovencita se ocultaba entre la gente, con la mirada fija en el corredor de salida.