¿Qué haré si se llevan a mis papás mientras estoy en la escuela? Esa es la pregunta que durante toda su infancia ha atormentado a Ana (quien prefiere no revelar su apellido), una muchacha de Los Ángeles, hija de inmigrantes indocumentados.
Siendo la mayor de cuatro hermanos, Ana sabe que si sus padres son deportados ella tendrá que cuidar de sus hermanos más pequeños.
La muchacha, de 17 años, comenta que los temores de perder a sus papás se avivan cada vez que hay una nueva oleada de redadas en el país.
"Muchos compañeros de escuela han visto cómo sus padres eran capturados por las autoridades cuando estaban en su lugar de trabajo, intentando ganar dinero para mantener a la familia" dice la joven, explicando que sus padres tienen designado a un familiar para que se haga cargo de ellos si un día son deportados repentinamente.
Pero aun si eso no pasa, la vida de los hijos de indocumentados se ve afectada por la terrible incertidumbre de ser separados de sus padres, o enviados repentinamente al país de origen de los mismos.
Un reciente estudio de UCLA, seleccionado para la edición de julio-agosto del diario de la Academia de Pediatría, sugiere que, por los miedos y tensiones que afectan a los niños mexicanos cuyos padres son indocumentados, corren un riesgo más alto de tener problemas de desarrollo que otros niños —latinos o no— cuyos padres residen legalmente o son ciudadanos estadounidenses.
El estudio se enfoca en niños entre 1 y 6 años, una franja de edad considerada crítica a la hora de detectar y tratar problemas de desarrollo, tanto psicomotriz como verbal.
Steven Wallace, director asociado de la escuela de salud pública de UCLA y uno de los autores del documento, informa que los padres indocumentados detectan problemas de desarrollo en un 15% de los niños, lo que se compara con el 6% entre los padres latinos sin problemas migratorios, y el 7% de la población en general, respectivamente.
"Es decir, la diferencia no es entre hispanos y no hispanos, sino ligada a que los padres estén documentados o no", comenta Wallace.
El científico señala que aunque se trata sólo de la percepción de los padres, esta se considera un indicio fiable en el campo médico, debido a que los padres observan muy de cerca de los niños.
"Lo grave es que los problemas de desarrollo deben tratarse a temprana edad y muchas de estas familias carecen de acceso a servicios de salud", comenta Wallace.
En la misma línea Alexander Ortega un profesor de salud pública en UCLA y de psiquiatría en el Instituto Semel de Desarrollo Humano, de dicha universidad, comenta que el sector de cuidados de salud podría estar pasando por alto los problemas de desarrollo de un número significativo de niños, cuyos padres son indocumentados y cuyas ramificaciones podrán extenderse a su vida adulta.
Por obvias razones, conocer la verdadera dimensión del problema, empezando por cuál es el número exacto de hijos de indocumentados en el país, resulta difícil.
Un estudio de 2007 realizado por The Urban Institute para el Consejo Nacional de La Raza (NCLR), estima en cinco millones el número de niños en todo el país con al menos uno de sus padres indocumentado.
La psicoterapista Nancy Brooks, quien forma parte de los expertos de la página JustAnswers y cuenta con más de 20 años de experiencia profesional, estima que hay unos 10 millones de niños hijos de indocumentados en el país, de los que un 60% son de origen mexicano.
Si bien a los niños más pequeños puede afectarles tanto la ansiedad de sus padres como la falta de acceso a servicios de salud y desarrollo, Brooks señala que el hecho de vivir en una comunidad de inmigrantes los protege a menudo del estigma de pertenecer a una familia "diferente", que carece de documentos de residencia. El descubrimiento de ese hecho en edad más avanzada de la niñez o durante la adolescencia puede resultar en otros problemas sociales, incluyendo la pertenencia a pandillas o actividades delictivas.
José Villela, activista de la Coalición de Los Ángeles para los Derechos de los Inmigrantes (CHIRLA) señala que en muchas familias inmigrantes los niños y jóvenes ven afectado su rendimiento escolar y su integración social debido a la situación migratoria de sus padres.
"Crecen con el temor a la policía y el miedo a lo que le pueda pasar a sus padres", dice Villela señalando que es algo muy traumático para los niños que no entienden por qué a pesar de que sus padres se ganan la vida con tremendo esfuerzo, son perseguidos legalmente.
"Es uno más de los males que sólo podrán erradicarse con una reforma migratoria justa", dice Villela.