SACRAMENTO.— La crisis económica no sólo ha provocado que escasee el empleo en el campo, sino que ha propiciado una mayor explotación de la mano de obra, al grado que los trabajadores prefieren no tomar agua o aguantarse las ganas de ir al baño por miedo a perder el empleo.
Antes, la lucha era porque no tenían agua para beber, lo que causó que en los últimos cuatro años murieran 10 campesinos en los campos de California. El caso más reciente ocurrió el año pasado con la muerte por insolación de María Isabel Jiménez Vázquez, embarazada con apenas 17 años. Ahora los campesinos sí tienen agua, pero no permiso para tomarla.
"Comenzamos a trabajar a las 8 de la mañana y nos pidieron que cortáramos cinco cajas de moras por día, un total de 65 libras", cuenta Guillermo Cruz, un experimentado cortador de moras.
"Hice todo lo que pude para cumplir con la cuota. Los supervisores de la compañía estaban constantemente encima de nosotros, y gritándonos si se nos caía una mora a la tierra. Eso nos ponía más nerviosos y confundidos", relató.
Guillermo cuenta que lo peor del asunto fue que ante el pánico a perder el empleo, los trabajadores no podían darse el lujo de beber agua o ir a los sanitarios.
"Incluso algunos trabajadores laboraban durante sus horaS de almuerzo para cumplir con la cuota impuesta. Muchos trabajadores corrían y se movían lo más que podían.
"Fui uno de los pocos que pudo cumplir con las cuatro cajas y no puedo entender por qué me despidieron si hice todo lo que estuvo en mi poder por cumplir con la cuota", comentó.
Rigoberto Ramírez, otro recolector de moras consideró que el desempleo y la crisis económica se han traducido en abuso en los campos. "Hay mucha gente desesperada por el trabajo. Se amontonan por un empleo y los rancheros abusan. Si en cuatro horas, ven que quienes contrataron no cumplen con la cuota, despiden en ese momento a los trabajadores y meten a otros. Y así se llevan".
Comentó que en el caso de la mora, les piden cuotas imposibles de alcanzar, hasta de 75 libras por día, cuando el más diestro consigue apenas 50 ó 60 libras.
Otra campesina, Rocío Pineda, hizo ver que sólo pueden tomar agua durante sus tiempos de descanso. "El mayordomo se molesta si vamos mucho a tomar agua", recalca.
El pasado 26 de mayo, el Sindicato de Trabajadores Agrícolas (UFW) interpuso una queja de parte de los trabajadores que laboraban para Munger Farms en la ciudad de Delano, donde tres contratistas emplean más de 40 cuadrillas con mil trabajadores para recolectar moras.
La queja indica que recolectores trabajan por hora, pero tienen una cuota de cinco cajas por día, lo cual los obliga a laborar durante sus descansos, a no beber agua o a no ir al baño por temor a perder el empleo.
Este no es miedo imaginario. Le sucedió a 60 trabajadores el 26 de mayo. A estos trabajadores les prometieron tres días de empleo. No obstante, fueron despedidos un día después por no cumplir con la brutal demanda de trabajo.
Armando Elenes, un organizador del UFW sostuvo que no se trata de un incidente aislado, exclusivo de Munger Farm. "Hemos encontrado muchas quejas de trabajadores que son regañados y castigados por ir a tomar agua, contraviniendo así las leyes del estado.
"Ciertas personas son suspendidas o pierden su empleo. Entonces es como si no tuvieran agua, porque ir a tomar les puede costar el trabajo", enfatizó.
El 26 de mayo, el UFW entabló otra queja contra los viñedos Guimarra de parte del trabajador Francisco Farfán. Francisco fue suspendido y enviado a su casa después que el capataz le dijo que había ido muchas veces a tomar agua.
"Él estaba cumpliendo con la carga de trabajo demandada pero había una temperatura de 100 grados ese día", comentó Elenes.
Francisco cree que fue despedido por tomar medidas de precaución para no deshidratarse y afectar su trabajo.
Dos días más tarde, el UFW entabló otras acusaciones contra dos trabajadores de los viñedos Sunrise Agriculture.
En este caso, los cien trabajadores tenían agua pero no podían tomarla a menos que estuvieran en su descanso oficial de 10 minutos cada cuatro horas o a la hora del almuerzo.
"Estos trabajadores no tenían sombra para protegerse del sol y no estaban entrenados sobre los cuidados por ley que deben guardar para no morir o enfermarse de insolación", comentó Elenes.
La Opinión habló a la oficina de los viñedos Guimarra para tener su versión pero dijeron que no tenían a nadie que pudiera hablar con la prensa.
Rossana Westmoreland, portavoz del Oficina de Agricultores de California dijo que no estaban al tanto de la queja contra Munger Farms, por lo que no podían comentar.
Sin embargo, afirmó que la salud y seguridad de quienes trabajan para las familias en los ranchos y campos agrícolas son su máxima prioridad.
"Nosotros de ninguna manera consentimos el maltrato para los trabajadores del campo", enfatizó.
Además remarcó que junto con otros grupos de agricultores trabajan todos los días para educar a los rancheros y agricultores acerca de las regulaciones y leyes laborales.
Erika Monterroza, portavoz del Departamento de Relaciones Industriales (Cal/OSHA) y de la Comisión del Trabajo dijo se investigó al contratista José Ayala y su compañía J.A. Contracting, pero se encontró que sí cumplía con darles agua y sombra a los trabajadores de Munger Farm.
No obstante, la queja de los trabajadores fue que debido al miedo a perder el empleo, les es prácticamente imposible el acceso al agua, los baños y la sombra.
Al preguntarle a Monterroza si tendremos que esperar a que ocurra una tragedia, dijo que desafortunadamente las leyes en California permiten a los empleadores despedir a un trabajador en el momento que lo deseen y asignar las cuotas de trabajo que quieran.
"Sólo cuando el despido tuvo que ver por razones de discriminación o represalia, podemos actuar", sentenció.