El abuso de medicinas recetadas está en aumento y que es mayor la frecuencia de sobredosis de este tipo que las provocadas por drogas ilegales. (Ciro Cesar/La Opinion)
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Juan Manuel empezó a tomar Levodopa y Ropinirol para tratarse el mal de Parkinson, pero terminó siendo un adicto a las medicinas recetadas. Llegó a suministrarse hasta seis diferentes píldoras a la vez para calmar los efectos secundarios de la ansiedad, la depresión y los dolores musculares. Era medicina recetada. Legal. Nada que no pudiera conseguirse en una farmacia con la firma de un médico.

Después de año y medio, a finales de 2007, su organismo ya no resistió tanto fármaco. Vivía solo, y el Parkinson, la ansiedad, los dolores, la depresión y las pastillas acabaron con él. Dos semanas después encontraron su cadáver en estado de putrefacción. Alrededor de su cuerpo, los frascos de medicina. Una sobredosis lo mató.

Casos como el de Juan Manuel, un señor que rondaba los 40 años de edad, se han multiplicado de manera alarmante en los últimos años en Estados Unidos.

En ese sentido, aunque los resultados de la autopsia al cantante Michael Jackson, muerto el jueves pasado, no se darán a conocer hasta dentro de unas seis u ocho semanas, familiares del rey del pop revelaron que había recibido una gran dosis de morfina.

En tanto, según el portal TMZ, tomando como fuente a un miembro cercano a la familia de Jackson, divulgó que el popular intérprete de Thriller recibía una inyección diaria de demerol, un narcótico, según los expertos, similar a la morfina.

El Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas (NIDC), una entidad dependiente del Departamento de Justicia, publicó en abril que el abuso de medicinas recetadas está en aumento y que es mayor la frecuencia de sobredosis de este tipo que las provocadas por drogas ilegales.