Desde su toma de posesión el 20 de enero, el presidente Barack Obama ha gobernado como el anti-Bush, buscando poner distancia con el impopular gobierno anterior y dejar su propia marca. Al fin y al cabo, su eslogan era "Change", cambio, y eso fue lo que le ganó la elección.
A los 100 días de iniciado su mandato, su estilo —o lo que para algunos es sólo su estrategia— sigue siendo popular. El 74% de los ciudadanos dice, en la más reciente encuesta de Cook Report, que les agrada Obama. De estos, el 23% indica que les simpatiza Obama personalmente, aunque no tanto sus políticas.
Algunos expertos indican que es su estilo conciliador, sin rabia, el que gana la partida. Su estilo resulta calmante en tiempos de crisis, en contraste con el del anterior gobierno, siempre en posición de ataque.
"Resulta menos partidista, él parece menos interesado en ser agresivo. Bush era mucho más abrupto. Además, Obama ha tendido la mano internacionalmente y también dentro del país, como cuando visitó físicamente el Capitolio para hablar con líderes de ambos partidos", señaló Shaun Bowler, profesor de ciencias políticas de UC Riverside.
La comparación más llamativa la hizo el secretario de Defensa Robert Gates durante los primeros días del mandato de Obama en un programa dominical. Gates es el único miembro del gabinete que ha servido con Bush y con Obama en la misma posición.
El periodista David Gregory le preguntó a Gates en qué se diferenciaban Bush y Obama en su estilo de gobernar y de dirigir el gabinete. "Obama es algo más analítico. El hace un esfuerzo siempre por escuchar todos los puntos de vista", dijo Gates. ¿Y Bush no lo hacía?, pregunta Gregory.
"El presidente Bush estaba interesado en escuchar a todos pero no hacía un esfuerzo por hacer que todos hablaran", dijo Gates, diplomáticamente.
Sin embargo, el estilo incluyente de Obama, que además demostró incorporando algunos republicanos en su gabinete y círculo cercano, así como reuniéndose muy públicamente tras las elecciones con John Mc Cain, el candidato republicano y perdedor de las elecciones pasadas, no indica que gobierne con timidez.
Por el contrario, Obama ha tomado medidas dramáticas y controversiales de un plumazo para revertir a Bush y comenzar a marcar el prometido cambio.
Algunos ejemplos: levantó la prohibición de usar fondos federales para investigaciones con células troncales, ordenó el cierre de Guantánamo y el cese de las torturas, cambió la medida que impedía dar fondos para el control de la natalidad en países extranjeros, ordenó el inicio del repliegue de tropas en Irak y el reforzamiento de las fuerzas en Afganistán.
La lista es larga. No pasa un día que la Casa Blanca no haga un anuncio sobre una nueva política o medida que buscar revertir algo hecho por Bush o avanzar en temas grandes que están pendientes desde hace años y que pocos se han atrevido a emprender.
Tan sólo en los últimos 15 días el presidente Obama se reunió con todos los líderes de Europa y casi todos los de América Latina en sendas reuniones regionales, visitó la ciudad de México, se reunión con los empleados de la CIA, firmó la ley de Servicio Nacional, anunció la inversión en trenes rápidos, señaló que habrá reformas en la estructura impositiva y dió un discurso sobre la economía.
Algunos lo ven lógico: es la oportunidad que le da a Obama su triunfo.
"Él ganó contundentemente, recibió un mandato. Su partido aumentó sus números en el Congreso", dice Andra Gillespie, profesora asistente de ciencias políticas de Emory University, en Atlanta, Georgia. "El público quería un cambio, estaba insatisfecho con el estatus quo y eso le da la oportunidad de ser más atrevido".
Otros sin embargo, lo ven como partidario y radical.
"En su tono parece bipartidista, pero en los detalles en realidad es más partidario que nunca. El ha hecho muchas fotos con líderes republicanos que se ven bonitas, pero la Casa Blanca tiene una operación altamente partidaria", señala David Johnson, consultor político republicano que ha asesorado campañas presidenciales.
"Creo que el famoso cambio es más estilo que substancia. En las políticas es un demócrata liberal tradicional", dice Johnson.
Existe el peligro de que Obama pierda el foco si sigue dedicándose a tantas cosas al mismo tiempo, explica Bowler, de UC Riverside.
"Estar todo el día en la tele puede no ser bueno a la larga", señaló el profesor. "Pero Obama aún está en luna de miel con la gente. Claro que cualquier lo estaría después de Bush. Pero tampoco eso indica que todo lo que está planteando o prometiendo sea factible, como la reforma de salud o de inmigración".
El profesor Charles Dunn, decano de la escuela de gobierno de Regent University en Virginia, ve similitudes entre el estilo de Obama y el de Bush.
"Ambos trataron de mantener el foco en la Casa Blanca 365 días del año. Es como si siguieran en campaña cada día. También Bill Clinton hizo lo mismo, no tanto anteriores presidentes", dijo Dunn.
En ese sentido, la culpa la tiene tanto el estilo personal de cada presidente como las realidades de la televisión de 24 horas de noticias que existe desde hace ya dos décadas.
Dunn, sin embargo, encuentra que Obama ha tomado medidas que lo colocan en la izquierda "extrema" del espectro político estadounidense. "Su postura con el aborto, las células troncales, lo que quiere hacer con la cobertura universal de salud", dijo Dunn. "Claramente sus posturas están más a tono con el ala izquierda del partido. Es claro que para las elecciones de 2010 del Congreso y la reelección del 2012 tendrá que moverse un poco hacia el centro".
En relaciones internacionales, el contraste es quizá más fuerte que en el aspecto doméstico, señalaron. Queda por ver qué resultado tendrá el cambio radical en actitud hacia ciertos líderes de América Latina que estaban acostumbrados a recibir sólo bofetadas de Washington, si no el descuido total del anterior gobierno.
"Darle la mano a Hugo Chávez, abrir las conversaciones con Cuba, pedir perdón por los desmanes de Estados Unidos abre vías de comunicación", afirma Gillespie. "La idea es que el otro lado realmente pueda ceder algo también y que no todo sea retórica vacía sino que haya progreso. Veremos si eso ocurre".
Luis Miranda, portavoz de la Casa blanca indicó que el Presidente "ha tratado de dejar de lado el partidismo y hacer lo que hace falta hacer en estos momentos de crisis".
"Lo vemos, por ejemplo, en el tema de la reforma de salud. En ese proceso de reuniones han estado republicanos y demócratas y han estado representantes de las compañías de seguros y otros interesados que en el pasado atacaron esfuerzos similares", dijo Miranda.
--
El 74% de los ciudadanos dice, en la más reciente encuesta de Cook Political Report, que les agrada Obama. De estos, el 23% indica que les simpatiza Obama personalmente, aunque no tanto sus políticas.
Algunos expertos indican que es su estilo conciliador, sin rabia, el que gana la partida. Su estilo resulta calmante en tiempos de crisis, en contraste con el del anterior gobierno, siempre en posición de ataque.
Desde su toma de posesión el 20 de enero, el presidente Barack Obama ha gobernado como el anti-Bush, buscando poner distancia con el impopular gobierno anterior y dejar su propia marca. Al fin y al cabo, su eslogan era "Change", cambio, y eso fue lo que le ganó la elección.
A los 100 días de iniciado su mandato, su estilo —o lo que para algunos es sólo su estrategia— sigue siendo popular. El 74% de los ciudadanos dice, en la más reciente encuesta de Cook Report, que les agrada Obama. De estos, el 23% indica que les simpatiza Obama personalmente, aunque no tanto sus políticas.
Algunos expertos indican que es su estilo conciliador, sin rabia, el que gana la partida. Su estilo resulta calmante en tiempos de crisis, en contraste con el del anterior gobierno, siempre en posición de ataque.
"Resulta menos partidista, él parece menos interesado en ser agresivo. Bush era mucho más abrupto. Además, Obama ha tendido la mano internacionalmente y también dentro del país, como cuando visitó físicamente el Capitolio para hablar con líderes de ambos partidos", señaló Shaun Bowler, profesor de ciencias políticas de UC Riverside.
La comparación más llamativa la hizo el secretario de Defensa Robert Gates durante los primeros días del mandato de Obama en un programa dominical. Gates es el único miembro del gabinete que ha servido con Bush y con Obama en la misma posición.
El periodista David Gregory le preguntó a Gates en qué se diferenciaban Bush y Obama en su estilo de gobernar y de dirigir el gabinete. "Obama es algo más analítico. El hace un esfuerzo siempre por escuchar todos los puntos de vista", dijo Gates. ¿Y Bush no lo hacía?, pregunta Gregory.