MÉXICO, D.F.— El presidente estadounidense, Barack Obama, dijo ayer adiós al país tras una breve estancia de 27 horas que bastaron para que por primera vez un mandatario norteamericano reconociera en tierras mexicanas la culpa que tiene EEUU de la inseguridad en los dos lados de la frontera.
"La demanda de droga en Estados Unidos ayuda a que los carteles funcionen", admitió. "Las armas también vienen de allá, es también nuestra responsabilidad".
Con el compromiso público, aunque sólo de palabra, garantizó reducir el tráfico de armamento, droga y dinero en efectivo, prometió impulsar una reforma migratoria y se enfiló hacia Puerto España, Trinidad y Tobago, para participar en la V Cumbre de las Américas.
En medio de un revuelo de helicópteros, limusinas y patrullajes que le permitieron una estancia segura en el Distrito Federal, se presentó alrededor de las 9:00 a.m. en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para ser despedido por la secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, y el embajador de México en EEUU, Arturo Sarukhán.
"Es evidente que el presidente Obama busca redimensionar el hemisferio: se congratuló con México, dijo que buscaba descongelar una relación anormal de más de 50 años con Cuba y todo con miras a la Cumbre de las Américas", consideró el analista político Manuel Quijano, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Quijano visualiza que Obama no quiere tener el mismo aislamiento con Latinoamérica que tuvo el ex presidente George W. Bush, aparentemente porque el demócrata se dio cuenta que la inseguridad se exporta y puede salir desde Ciudad Juárez o Bogotá y aterrizar en Miami, Los Ángeles o Nueva York.
Así que arrancó su gira de reconciliación con los países del sur en México. "En la política las señales son muy importantes, y el mandatario estadounidense, con su sola presencia en la capital mexicana, estuvo dispuesto a mandar el mensaje de la importancia de la relación bilateral de los países vecinos", consideró Leo Zuckerman, analista del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
Pero aun con toda la agenda México-EEUU a cuestas, adelantó en conferencia de prensa las expectativas que tiene sobre "el esfuerzo de buena fe" que su gobierno realiza para mejorar las relaciones rotas con Cuba desde principios de los años 60, cuando Fidel Castro llegó al poder de la isla.
"Mis pautas con respecto a la política entre los Estados Unidos y Cuba será cómo poder alentar a Cuba a respetar los derechos de sus ciudadanos con respecto a la libertad de palabra, la libertad de la prensa, la libertad de la religión, la libertad de expresión y la libertad de viaje", puntualizó.
Incluso el presidente mexicano Felipe Calderón se subió al tema para sugerir poner un punto final al embargo comercial norteamericano hacia la isla.
"El embargo está ahí antes de que el presidente Obama y yo naciéramos y sin embargo no han cambiado mucho las cosas en Cuba. Habrá que preguntarse si este no es tiempo suficiente para considerar que ha sido una estrategia poco útil", señaló.
Otro de los temas que incumben a los países latinoamericanos es la migración. Obama prometió impulsar una reforma migratoria que diversas organizaciones han calificado de "injusto" para los inmigrantes que ya viven en EEUU.
Martha Sánchez, del Movimiento Migrante Mesoamericano (M3) considera que si la propuesta es similar a la que empujó el ex presidente Bush, la regularización para los indocumentados será prácticamente imposible.
"La principal barrera es que se piden antecedentes no criminales y el 70% de los migrantes radicados en Estados Unidos tienen un récord considerado criminal por violaciones a las leyes migratorias… Eso es absurdo, así casi ningún indocumentado puede calificar", puntualizó.
Calderón viajó a Trinidad y Tobago ayer por la tarde, llevará a la Cumbre la propuesta de asumir el tema migratorio como un asunto de "responsabilidad compartida entre los países de origen, tránsito y destino".