Como legisladora estatal y congresista, Hilda Solís siempre estuvo del lado de los trabajadores, logrando triunfos como el aumento del salario mínimo en California o la aprobación de una ley federal que proveyera fondos de entrenamiento para trabajos relacionados con el medio ambiente. Siempre ha estado claro que Solís estaba del lado de los trabajadores y los sindicatos.
Pero ahora que Solís no es una legisladora, sino secretaria del Departamento del Trabajo, su papel debe abarcar también las preocupaciones de creación de empleo, en particular en un momento de alto desempleo y extrema crisis económica, y en el que el sector empresarial está muy nervioso con la idea de una nueva ley que permitirá a los sindicatos organizar más fácilmente a los trabajadores.
"Si los sindicatos tienen éxito en organizar a más y más trabajadores, con la ayuda de la señora Solís, es probable que la recesión se haga más profunda y dure más, que si los sindicatos perdieran poder", señala en el sitio en la internet del Instituto Cabot de Relaciones Laborales, una empresa consultora destinada a asesorar corporaciones en materia de lucha antisindicatos.
Por su parte, los sindicatos esperarán mucho de Solís, que es posiblemente la secretaria del Trabajo más pro sindical y activista en la historia reciente del país.
La primera prioridad de los gremios será la aprobación del Proyecto de Ley de Libre Elección Sindical, que permitirá facilitar la sindicalización dentro de las empresas, un proyecto que Solís copatrocinó en el Congreso pero al que el sector empresarial se opone tajantemente.
Todo va a depender de la actitud que tenga el presidente Barack Obama, quien aunque recibió el enorme espaldarazo de los sindicatos y ha expresado su apoyo en favor de esta legislación —que también co patrocinó en el Senado—, también busca balancear los intereses de las corporaciones y sobre todo no limitar de ninguna manera la creación de empleos.
"Él es una persona cercana a los sindicatos, pero tampoco es un activista tan fuerte como ella. Él no fue un candidato que mantuvo la bandera del sindicalismo. Demostró por ejemplo cierto apoyo por los tratados de libre comercio, aunque con modificaciones, y en su equipo económico nombró a personas más bien de centro derecha", aclaró la profesora Kate Bronfenbrenner, experta en sindicalismo de Cornell University en Ithaca, Nueva York. "Es su forma de buscar una tensión, un balance".
Para la profesora de economía Geetha Rajaram, de Whittier College, las grandes empresas ya están empezando a mostrar su preocupación abiertamente frente a medidas como la legislación mencionada. "Vimos a Citibank, por ejemplo, reduciendo el rating de Wal-Mart. Ésta es una de las primeras empresas en perder con una medida que facilite el sindicalismo", dijo Rajaram.
La Cámara de Comercio de Estados Unidos declinó ayer hacer comentarios sobre los retos que enfrentaría Hilda Solís como secretaria del Trabajo, mientras que la organización Business Roundtable, no vio a bien comentar sobre el la selección de Solís en su momento, a pesar de que sí lo hicieron sobre otros secretarios de gabinete. La reacción parece haber sido de callada preocupación. Pero es que tampoco son buenos momentos para la imagen del mundo corporativo.
Por su parte, el vicepresidente del país, Joe Biden, al juramentar a la nueva miembro del gabinete, elogió sus antecedentes de defensora de los trabajadores y dijo que "la secretaría del Trabajo está de vuelta".
Expertos en relaciones laborales y economía consultados ayer indicaron que Solís será la primera secretaria del Trabajo en mucho tiempo que viene de antecedentes tan activistas en la defensa del sindicalismo y de los trabajadores. Esto puede resultar un reto a la hora de "abrir buenas líneas de comunicación con la comunidad de negocios".
"Ella tendrá que probar que no es simplemente una activista pro sindical, sino que puede balancear diversos intereses. Eso será dificil, debido a su apoyo a la formación de sindicatos y su récord pro sindicato durante su tiempo en el Congreso", señaló Iván Osorio, del Instituto de la Empresa Competitiva, una organización pro liberalismo económico en Washington, D. C.
Pero otros señalan que, al fin y al cabo, Solís será la secretaria del Trabajo y, como tal, estará encargada de revivir un departamento que durante los ocho años de la Administración de George W. Bush languideció en su alcance, vio su presupuesto notablemente reducido y no fungió activamente como vigilante de las leyes de salario y de asistencia al trabajador, como lo marca su función.
"Obama designó dinero en su presupuesto para el departamento", señaló Bronfenbrenner. "Esto es muy importante, ya que hace casi 30 años que el Departamento del Trabajo no tuvo una actitud agresiva en la defensa de los trabajadores, ni suficientes recursos, ni siquiera bajo el gobierno de Bill Clinton".
Pero las cosas empeoraron durante los últimos ocho años, agregó la catedrática. "Le quitaron fondos a OSHA (Oficina de Seguridad Laboral), le quitaron fondos y personal a la Junta Nacional de Relaciones Laborales y dedicaron los recursos a asegurar que los sindicatos gastaban el dinero así o asá".
Parte de su reto será reconstruir un departamento debilitado por anteriores secretarios, entre cuyas prioridades no se encontraba nada que fuera vigorosamente opuesto por el sector corporativo.
Pero para Kent Wong, director del Centro para Estudios Laborales de UCLA, la defensa de los trabajadores no está reñida con la creación de empleos, y Solís tendrá que demostrarlo porque su principal tarea, en este momento, será ayudar con los recursos y apoyo al reentrenamiento laboral para que los trabajadores puedan aprovechar los nuevos empleos, por ejemplo en el área medio ambiental.