Seguidora de los Yanquis. (FOTO: AP)
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WASHINGTON, D.C.— Aparentemente, nadie le dijo a Sonia Sotomayor que los jueces de la Suprema Corte deben ser reservados y salir de su palacio de mármol únicamente para compartir su erudición legal con facultades de leyes y en conferencias de juristas.

Desde que fue designada como la primera hispana de la Corte, Sotomayor bailó el mambo con estrellas de cine, intercambió abrazos con músicos en la Casa Blanca e hizo el primer lanzamiento en un partido de sus amados Yanquis. Un famoso compositor de jazz escribió un tema sobre ella: Wise Latina Woman (Latina sabia).

En pocas palabras, Sotomayor es una celebridad, sin haber hecho siquiera un solo pronunciamiento importante en la corte.

Los otros jueces también tienen sus encantos.

Ruth Bader Ginsburg y Antonin Scalia —ambos amantes de la ópera— desempeñaron hace poco papeles en la función de gala de Ariadne auf Naxos, con la Ópera Nacional de Washington. Algunos jueces han hecho giras para promocionar sus libros.

Pero la gente común ni se entera de esas actividades.

Pocos conocen los nombres de la mayoría de los jueces de la Corte Suprema. "La gente puede nombrar los siete enanitos, pero no los jueces de la corte", comentó Bob Thompson, profesor de cultura popular en la Syracuse University.

Con Sotomayor las cosas son distintas.

La jueza es acosada por personas que le piden autógrafos, sacarse fotos y le desean suerte dondequiera que vaya.

Hace poco, se armó un remolino de personas con cámaras a su alrededor cuando se presentó en el Grand Foyer de la Casa Blanca para una festejo con música latina.

La gente no la dejó hasta que se pidió a los presentes que tomasen sus asientos en una gigantesca carpa en los jardines de la residencia oficial para que comenzase el concierto. Una vez concluido, nuevamente se vivió la misma escena.