Antonieta Márquez observa la foto de su hija Nadia, quien fue asesinada por su esposo, quien está prófugo de la justicia. (FOTO: Gardenia Mendoza/La Opinión)
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MÉXICO, D.F.- La autopsia de María Luisa Agustín, de 24 años, reveló lesiones por mordidas; fracturas en brazos y piernas y heridas en el cuerpo y la cabeza, pero su esposo y asesino, Heriberto Vásquez, libró la cárcel un año después cuando un juez concluyó que el agresor actuó para defender su "honor" ante una infidelidad.

Vásquez, dijo primero que encontró a su mujer platicando con otro hombre en las afueras de su casa; luego, dijo que "la había encontrado en la cama" de su vivienda de San Francisco Lachigoló, una comunidad del sureño estado de Oaxaca .

Este argumento lo sostuvo hasta el final del juicio, asesorado por un abogado que recurrió a las leyes de la entidad para bajar la pena a tres años si demostraba que había actuado en estado de "emoción violenta" por el desliz de su mujer.

Lo cierto es que Heriberto, de 32 años, acostumbraba golpear a María Luisa hasta que en abril de 2004, puso fin a la vida de su compañera lanzándola contra un tubo de hierro en medio de una embestida de puñetazos y patadas que los niños de cuatro y cinco años presenciaron.

Al recuperar la libertad después de doce meses – también se benefició de un programa de liberación de presos indígenas- peleó la custodia de sus hijos y cuando le fue negada, acosó a la ex suegra hasta que ésta huyó del pueblo con los niños.

Hoy nadie sabe dónde se encuentra la familia de María Luisa, pero sí la de su asesino: es un funcionario del ayuntamiento de su comunidad pues la ley no es retroactiva y aunque su caso sirvió para que el congreso local derogara el homicidio por "cuestión de honor", a él no le afectó.