A Karina, una estudiante de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) que prefiere no revelar su apellido, el argumento de que las familias de bajos recursos no se verán afectadas no le vale.
Ella es una "AB540", categoría con la que se identifican los estudiantes indocumentados, que gracias a esa ley estatal pueden pagar las tarifas universitarias de las que se benefician los residentes de California.
"Eso nos facilita el acceso, pero no nos garantiza la igualdad en cuanto a conseguir becas", dijo Karina, quien cursa segundo año de Ciencias Políticas.
La estudiante explicó que por su estatus migratorio ella no tiene acceso a muchas de las becas de las que se benefician los estudiantes de limitados recursos.
Karina señaló que es difícil saber la cantidad de indocumentados que asisten a UC, dado que muchos no quieren revelar su situación, pero comentó que entre los muchos que ella conoce, el bajo nivel económico es el denominador común.
"Suelen pertenecer a familias con unos 30 mil dólares anuales de ingresos, y sumando todos los gastos estudiar en UC sale ya por más de 25 mil", explicó Karina, enfatizando que el suyo es uno de los colectivos de estudiantes que más va a sufrir con el encarecimiento de las colegiaturas.
Como ella, cientos de estudiantes protestaron ayer, anticipando que el grupo sería todavía mayor hoy, cuando se espera que la Junta de Regentes de UC en pleno ratifique el presupuesto aprobado ayer por el Comité de Finanzas, que incluye una subida de tasas de colegiatura del 32%.
El griterío de los manifestantes que rodeaban el edificio Covel Commons, en la zona norte del campus de UCLA, arreció hacia al mediodía cuando se acercaba el momento en que los regentes emitirían su voto.
La gente fue desalojada ante los cantos de protesta de un grupo de estudiantes y la tensión aumentó a las puertas de la sala de reuniones cuando los jóvenes eran conducidos fuera del edificio por la policía universitaria.
Afuera, varios grupos de manifestantes hicieron intentos de entrar por la fuerza al edificio y lanzaron objetos como botellas de agua, comida y vinagre —esta última sustancia, supuestamente para prevenir la dispersión del spray pimienta que muchos esperaban se utilizaría para disolver al grupo.
Nancy Greenstein, directora de servicios comunitarios del Departamento de Policía de UC (UCPD) en UCLA, informó que hasta primeras horas de la tarde se habían producido dos acciones de arresto en las que se habían visto involucradas unas 14 personas, en su mayoría estudiantes.
"Hay dos quejas por lesiones leves, y creemos que unos cuantos agentes han sufrido agresiones menores", explicó Greenstein.
Según UCPD se reunieron entre 200 y 300 manifestantes, mientras que según algunos grupos de estudiantes y sindicatos presentes en la protesta, la cifra se elevaba a cerca de mil.
Rosa María Cabalho, una graduada de UC Berkeley y quien actualmente forma parte de la Federación de Trabajadores Estatales, Municipales y del Condado (AFSCME), fue una de las arrestadas a primeras horas de la mañana.
"Me acusaron de perturbar el orden público", decía Cabalho, señalando que muchos de los manifestantes eran trabajadores que temen por sus puestos con los recortes propuestos.
"A los estudiantes les piden ahora más dinero, pero les van a dar menos servicios", comentó Alex Moreno, un trabajador de los comedores universitarios, señalando que con menos personal, tanto los dormitorios como el resto de los servicios estarán peor atendidos.
"Ya ha reducido horas a muchos compañeros y tememos que lleguen los despidos", agregó.
La estudiante Alejandra Sánchez está convencida de que la subida aprobada por los regentes ha desencadenado una agitación social que irá más allá de las manifestaciones de estos dos días.
Sánchez explicó que su endeudamiento de estudios este año se ha duplicado, y señaló que muchas familias de inmigrantes como la suya se están quedando sin esperanzas sobre un futuro mejor para sus hijos.
"Muchos de nosotros somos la primera generación en ir a la universidad, y lo triste es que con subidas como ésta puede que seamos también la última’, lamentó Sánchez.