PRIMERA PARTE
Si la deserción escolar en Los Ángeles fuese un ser humano, posiblemente tendría piel morena o negra y viviría en alguna de las áreas más pobres de la ciudad.
Latinos y afroamericanos engrosan la gran mayoría de los menores que por diversas razones abandonan las aulas de las escuelas angelinas y nunca logran graduarse.
En las últimas décadas, el abandono escolar ha sido una de las mayores crisis académicas del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) que, lejos de mejorar, se había mostrado perpetua.
Latinos y afroamericanos suman casi nueve de cada 10 casos de deserción que se producen en un distrito donde por cada dos alumnos que se gradúan de secundaria hay uno que no finaliza los estudios.
"La pobreza es la principal razón de por qué los latinos y afroamericanos dejan de estudiar. Cuando hay gente que no goza de las mismas oportunidades en los planteles, y los padres tienen dos o tres trabajos sólo para tratar de sobrevivir, es muy fácil que un niño deje la escuela", reconoció Debra Duardo, quien dirige la oficina de prevención de la deserción en LAUSD y sabe por experiencia propia lo que es abandonar los estudios.
"Para mí la escuela era como la niñera que se encarga de ti cuando tus padres van a trabajar", recuerda Duardo, quien dejó las clases al quedar en estado con 16 años.
"Con los latinos tenemos además la barrera del idioma, porque sabemos que les resulta más difícil aprender e incluso comunicarse con los maestros si no hablan bien el inglés", agregó.
El 35% de los alumnos en LAUSD son clasificados como aprendices de inglés.
Además, "la juventud y las minorías que viven en las áreas urbanas enfrentan problemas fuera de clase que afecta su educación, como la pobreza o el crimen", recordó, Collen Wilber, portavoz de America’s Promise Alliance.
En el curso 1997-98, el 20,4% de los latinos abandonaron los estudios en algún momento de la secundaria.
El índice de deserción entre sus compañeros afroamericanos fue de 21,5%. Diez cursos después, la tasa de deserción escolar apenas bajó una décima entre los hispanos, mientras que creció al 23% en los afroamericanos.
La trayectoria es aún incluso peor si se tienen en cuenta las cifras ajustadas que el Departamento de Educación de California (CDE) considera desde 2006, en donde se incluyen a quienes regresan a clase tras abandonar los estudios, pero también a aquellos que reportaron haberse transferido a otra escuela sin haberlo hecho finalmente.
En este caso, la tasa de deserción en LAUSD para los latinos en 2007-08 creció al 28% mientras que para los afroamericanos se elevó al 33,1%
"La gente discute sobre cuál es el verdadero porcentaje de deserción, si es 20%, 30% ó 50%. Nadie lo sabe realmente, porque los índices que hay son sólo una estimación, según lo que se tenga en cuenta", dijo Duardo.
"No estamos siguiendo a los estudiantes individualmente para saber con exactitud qué pasa con cada uno de ellos, aunque eso se podrá hacer a partir de 2011-12".
Para Russell Rumberger, director del Proyecto de Investigación de la Deserción en California (CDRP) en UC Santa Barbara, se ha producido más deserción porque "el número de niños de bajos recursos o que están aprendiendo inglés ha ido en aumento, ya que son los que tradicionalmente son más propensos a dejar los estudios".
Si bien los latinos representan el mayor número de quienes abandonan la escuela en Los ngeles, los estudiantes afroamericanos encabezan en proporción la tasa de deserción por etnias.
"Ambos grupos han estado ‘peleando’ unos contra otros en saber quién es mejor. El bote se está hundiendo y en lugar de ayudarse para salvarse están discutiendo sobre por qué se está hundiendo. Eso es estúpido", dijo John Bryant, fundador y presidente de Operation HOPE, cuya organización se acaba de comprometer a mejorar la calidad de cinco millones de escolares en el país. "Tenemos que parar esa discusión y trabajar juntos para tener éxito".
Aunque los números más recientes no son del todo comparables con los de una década atrás, ya que el CDE adoptó en 2003 una nueva definición sobre el abandono escolar, la realidad es cada año miles de estudiantes no se gradúan. En 2008, un total de 13,936 estudiantes de LAUSD abandonaron los estudios, mientras las escuelas entregaron 31,165 diplomas de secundaria.
La nueva definición de abandono escolar considerada por el estado, recogida por el Centro Nacional de Estadísticas de Educación, toma en cuenta como desertor a quienes cursan entre los grados 7 y 12 y dejan la escuela sin completar el año o no comienzan el curso siguiente que les correspondería.
Anteriormente, las estadísticas englobaban a aquellos que llevaban ausentes más de 45 días y no se habían registrado en otra escuela, o no habían recibido un diploma de secundaria o su equivalente.
Junto a esto, hay que tener en cuanta a quienes siguen cursando pero se quedan rezagados. Uno de cada tres alumnos de secundaria no obtiene el diploma a tiempo con la promoción que le corresponde.
Según datos del Reporte de Oportunidad Educativa de California, de cada 100 estudiantes que comenzaron en 2003 el grado 9 en LAUSD, apenas 43 llegaron al grado 12, y de estos se graduaron 39.
Entre los egresados, 16 solictaron matrícula en un colegio comunitario, seis en el sistema de Cal State y tres al de la Universidad de California.
El curso pasado, apenas el 48% de los estudiantes de secundaria lograron completar sus estudios a tiempo, mientras que el LAUSD mantiene a 20,028 niños en las listas de deserción.
"Parte del desafío también está en que ahora para obtener el diploma es requisito aprobar el Examen de Egreso de Secundaria de California (CAHSEE)", recordó John Rogers, director del Instituto para el Acceso, la Educación y la Democracia de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA/IDEA).
Primeras mejoras
Pero aunque la tasa de deserción en LAUSD sigue siendo alta, el programa de Recuperación y Prevención de la Deserción puesto en marcha hace tres años ha comenzado a dar, por el momento, buenos resultados.
Del 31,7% de deserción escolar ajustada que se contabilizó en 2007 en todo el distrito, un año después bajó al 26,4%, considerado como uno de los mayores avances logrados en este campo.
El pasado curso, unos 1,700 alumnos que habían abandonado los estudios regresaron a clases gracias a los esfuerzos de este programa.
Una de sus claves radica en las visitas rutinarias a domicilio que hacen funcionarios del distrito para saber por qué los jóvenes no llegan a los planteles y así tratar de convencerles para que regresen.
"Cuando haces esas visitas ves a los jóvenes sentados en casa, mirando televisión sin hacer nada, sin estudiar, sin trabajar y sin metas. Pero cuando hablas con ellos, la mayoría recapacita y quiere regresar", dijo Duardo.
"Para nosotros el trabajo más duro es mantenerlos ahí, que sigan estudiando, porque tratar de que alguien regrese a estudiar cuando ha faltado a la escuela por dos años no resulta fácil, y te encuentras además gente en las escuelas que cuestionan por qué los llevamos de vuelta si interrumpen mucho o no les dejan enseñar".
En 2006, unos 80 consejeros de graduación del Proyecto Diploma y 300 consejeros de asistencia se sumaron a las escuelas con mayores índices de deserción, para implementar planes individuales que ayuden a graduarse a los alumnos que están a un paso de abandonar los estudios.
Los trabajadores, quienes han recibido entrenamiento para asistir a estudiantes con problemas, reciben información de las escuelas intermedias de las que proceden los alumnos y organizan reuniones periódicas con los padres. Además, se han desarrollado guías tanto para los estudiantes como para sus familias que incluyen referencias, recursos, opciones de graduación y los requisitos necesarios para obtener el diploma.
El programa desarrolla un énfasis especial en identificar a los estudiantes que tienen mayor probabilidad de dejar las clases para poder trabajar con ellos directamente, mientras un sistema automatizado informa a los padres por teléfono cuando los hijos no están en la escuela o faltan a una sesión de clases, además de recibir periódicamente un reporte de ausencias.
"Las investigaciones nos dicen que los alumnos que fracasan en matemáticas, inglés, faltan a clases y tienen problemas de comportamiento, tan pronto como en el tercer grado podemos identificarlos para implementar algún tipo de intervención con ellos", aseguró Duardo.
Apenas uno de cada 10 alumnos de secundaria en LAUSD muestra destrezas en matemáticas, mientras sólo el 30% lo hace en inglés.
Tras hacerse una evaluación individualiza del estudiante y su familia para determinar por qué no está teniendo éxito en la escuela, lo primordial es "darles opciones de lo que pueden hacer para graduarse".
"A veces tienen que ganar créditos extras porque se han quedado atrás en las clases, o tienen que ir a la escuela en sábado o al colegio comunitario para conseguir esos créditos", explicó Duardo.
"Otras veces se les proporciona consejería si enfrentan problemas en sus vidas, como el divorcio de los padres o la muerte de ser un querido. Ese tipo de traumas hace que no lleguen a las escuelas listos para aprender porque están pensando más en el problema".
El LAUSD ha comenzado a evaluar si los tipos de intervención que se están ofreciendo están teniendo el efecto deseado.
"Muchas veces en el pasado dijimos vamos a tratar eso o vamos a intentar lo otro, pero ahora estamos mirando los datos de los estudiantes que están en riesgo de dejar los estudios, y evaluando si esa intervención es la adecuada o no con ellos, porque si es que no entonces tenemos que tratar algo diferente", indicó Duardo. Origen y consecuencias
Numerosos estudios señalan que no hay una razón única que lleve a los jóvenes a abandonar los estudios. Fuera de la escuela destacan la crisis económica y la necesidad de ayudar a la familia, violencia doméstica o problemas de alcohol o drogas. Entre las razones que caen del lado académico destacan la dificultad de hablar el inglés, reprobar las clases, la falta de participación de los padres y hasta la misma calidad de la enseñanza.
"El mayor problema es que hay bajas expectativas para los alumnos. Todo el tiempo nos dicen que la escuela se les hace aburrida. Eso quiere decir que no les estamos desafiando ni dando un plan de estudios interesante que les haga pensar y conectar con la escuela", dijo Linda Murray, directora de The Education Trust-West.
"Sabemos que pueden haber cursos desafiantes, pero tenemos que asegurarnos de que exista un plan de estudios relevante para que así los alumnos no se pregunten por qué tienen que aprender un determinado concepto, y puedan relacionar lo que aprenden con su futuro", agregó Jack O’Connell, superintendente de Instrucción Pública de California.
Estimaciones de CDRP señalan que si la mitad de los alumnos que abandonan sus estudios en Los Ángeles consiguieran el diploma de secundaria, la otra mitad supondría un gasto de 2,100 millones de dólares a la comunidad angelina en prestaciones sociales, mientras que reducir la deserción escolar a la mitad ayudaría a generar 1,000 millones de dólares en beneficios económicos a la ciudad, además de que se producirían 3,659 homicidios y asaltos menos al año.
Otros reportes apuntan que quienes obtienen un diploma de secundaria ganan 175 dólares más por semana que aquellos empleados que no terminaron la escuela, lo que supone una diferencia de ingresos de 300,000 dólares a lo largo de la vida para la persona.
Varias organizaciones se han comprometido a trabajar con LAUSD para frenar el abandono escolar, reconociendo que es un problema que, más que a estudiantes, padres y escuelas, implica a toda la sociedad.
"Las mejoras que ha hecho LAUSD son significantes, pero aún necesitamos hacerlo todavía mejor", dijo Bryant. "Tenemos niños sin esperanza, con baja autoestima, sin estar capacitados, sin educación, sin prosperidad económica… y esa no es una buena imagen".
"Generalmente hemos visto que no se ofrecen los recursos suficientes en la comunidades que más lo necesitan, ni se invierte tiempo y dinero en ayudar a que los estudiantes dominen el idioma", señaló por su parte Alicia Lara, vicepresidenta de inversión comunitaria de United Way of Greater Los Angeles. "Se necesita mucha más colaboración, incluso de clubes y organizaciones que ofrezcan servicios después de escuela para mantener a los estudiantes motivados".
Al margen de los avances logrados hasta ahora, queda por saber el efecto que tendrán los recortes de presupuesto en el distrito cuando se cuente el número de alumnos que dejaron las clases este curso. El déficit fiscal ha obligado por el momento a reducir a la mitad el número de consejeros encargados del Proyecto Diploma, mientras hay más alumnos por salón, menos maestros y menos rutas de autobuses escolares.
"Me preocupa que los recortes tengan un impacto negativo en los índices de graduación", comentó Rogers. "Cuando los jóvenes tienen menos acceso a lo que necesitan de los adultos, son más vulnerables a dejar los estudios".
"Las escuelas tienen menos recursos, y aunque habrá dinero federal, cada vez sienten más la presión de tener que resolver el problema de la deserción", dijo Rumberger.
Entre tanto, desde el LAUSD, la fórmula para continuar combatiendo la deserción escolar es a través de seguir creyendo en el potencial de sus estudiantes.
"Es muy desafiante cambiar la cultura del fracaso y que los estudiantes crean en sí mismos para que tengan expectativas", dijo Duardo. "Estamos en un ciclo de pobreza y de ignorancia que estamos tratando de parar, y donde tiene que estar claro que no importa de dónde vengas, sino a dónde vas. Si el alumno cree en sí y nosotros creemos en él, ese estudiante se va a graduar".