Con un ingreso promedio de 38,679 dólares, la brecha económica que separa a los hogares hispanos de los blancos fue de más de 16 mil dólares anuales en 2007.
Comparados con la minoría más "rica" —los asiáticos, con 66,103 dólares de ingreso promedio—, las familias hispanas consiguieron 27, 424 dólares menos en dicho año, según los datos divulgados ayer por la Oficina del Censo.
"El sueño americano no existe para muchos de nosotros. Huimos de la pobreza de nuestros países para vivir en la pobreza de Estados Unidos", dice Manny Romero, salvadoreño de origen y quien emigró a este país en 1978.
A pesar de su larga estancia en Estados Unidos, y de que Romero era contador de profesión en su país, este trabajador señala que sus ingresos actuales —incluyendo sus dos empleos como maestro asistente y jardinero, y el de su esposa, que limpia casas— se sitúan en torno a los 20 mil dólares, y eso tras muchos años de haber trabajado "en cualquier cosa y por cualquier salario".
La encuesta actual de población (CPS) y la anual de suplemento económico y social (ASEC), en que se basan los datos oficiales del país sobre ingreso y pobreza, muestran también que ser extranjero tiene un precio.
Así, mientras que los ingresos promedio reales —es decir, tomando en cuenta la inflación— del total de familias estadounidenses crecieron un 1.3% entre 2006 y 2007 hasta alcanzar los 50,233 dólares anuales, las familias de los nacidos en otros países, o cuyos miembros no tienen la ciudadanía estadounidense sufrieron un descenso del 7.3% hasta situarse en 37,637 dólares anuales.
El número de hispanos sin seguro se ha reducido bajando de 15.3 millones en 2006 a 14.8 en 2007, pero el porcentaje (32.1%) es muy alto, si se compara con el 11% de la población general y el 10.4% de los blancos no hispanos.
En cuanto a los "oficialmente pobres" —el nivel de ingreso establecido federalmente para incurrir en esta categoría es de 10,590 dólares anuales para individuos y 21,203 para una familia de cuatro miembros—, los datos del Censo muestran que en Estados Unidos el porcentaje de individuos pobres de 12.5% no ha cambiado desde 2006, pero el número de personas pobres creció hasta 37.3 millones, frente a 36.5 en 2006.
Y mientras que las tasas de pobreza prácticamente no cambiaron en ese período para los blancos no hispanos, afroamericanos y asiáticos, para los hispanos pasó a ser del 21.5% frente al 20.6% de 2006.
Robert Gnaizda, director de política de The Greenlining Institute en San Francisco, señala además que los datos de la Oficina del Censo son cuestionables en este sentido.
"Muchos miembros de minorías no se contabilizan oficialmente", dice Gnaizda, señalando que ello se debe al mayor índice de "economías en efectivo" que no dejan rastro.
Gnaizda señala además que California se enfrenta a una situación todavía más difícil, dado lo caro que resulta vivir en el estado, y se muestra pesimista respecto a cómo pueden escapar las minorías de la situación actual.
"La calidad y acceso a la educación de las minorías aquí es sustancialmente inferior a la de la población general", explica Gnaizda. "Sin embargo, desde los años 80 el estado ha construido 22 prisiones y sólo una universidad [la de Merced]" .
Jean Ross, directora ejecutiva de California Budget Policy(CBP), comenta que en el estado cada vez hay menos familias de clase media.
"El estado en sí provee mucha riqueza en términos de avances e investigación, pero su población se va cada vez más hacia los extremos de los muy pobres y los muy ricos", opina Ross.
Jared Rivera, director de la organización comunitaria LA Voice Pico, comenta que Los Ángeles es una de las ciudades con más desigualdades económicas del país.
"Sólo el 27% de sus habitantes pertenece a lo que se denomina clase media", indica Rivera. Señala que las minorías suelen aglutinarse en áreas aisladas que en conjunto tienen un nivel de vida mucho más bajo.
"Mientras siga habiendo escuela con una tasa de abandono del 55% va a ser muy difícil que las minorías prosperen", comenta Rivera.
Robert Nothoff, analista de política de la Organización Comunitaria para el Desarrollo Responsable del Condado de Orange (OCCORD), considera que uno de los principales obstáculos de las familias trabajadoras de la región radica en la escasez de los salarios.
"En el condado de Orange, casi un 45% de los adultos dentro del nivel de pobreza trabaja", dice Nothoff. Y añade que eso tiene mucho que ver con que el 14.6% de los latinos del condado —que a menudo realizan los trabajos con peor remuneración— sean pobres, frente al 4.6% de los blancos.
Nothoff señala que el salario para no caer en la categoría de pobre tendría que ser de 15 dólares por hora, cifra muy superior a la que ganan muchos inmigrantes.
"Por un lado, tienen más difícil completar su educación y, por otro, sin educación están condenados a trabajos que los exponen a la pobreza", dice este analista refiriéndose a la dura realidad de las minorías.









