Niñas de 12 años prostituyéndose en las calles. Menores sin papeles esclavizados a trabajar de sol a sol en el campo.Promesas de limpiar casas en lo que parecía ser un sueldo digno y que se terminó convirtiendo en tortura para quienes soñaron con ese trabajo.
Las anteriores son tan sólo algunas de las caras que muestra lo que puede deparar el tráfico humano. Una realidad casi siempre asociada a otros países, pero que también está ocurriendo en Estados Unidos. Y de momento, el mayor reto es querer hablar de ello.
En ese sentido, los estados fronterizos acordaron que de ahora en adelante el tráfico humano será una de sus prioridades en la agenda, donde comenzarán a trabajar de forma conjunta para desarrollar una estrategia común que lleve a detener ese delito y la esclavitud moderna en esta parte del mundo.
Por lo pronto, la magnitud de este problema se puso ayer sobre la mesa en la conferencia de gobernadores fronterizos que hoy concluye en Hollywood, con el propósito de que el silencio no sea otra barrera. Es un paso más cerca para que los 10 estados que limitan a uno y otro lado de la frontera México-Estados Unidos organicen una estrategia conjunta que frene la esclavitud moderna en la región .
Algunos estados, como el de Sonora, en México, llevan tiempo implementando programas con los que evitar que más personas sean presas de alguien que las quiere comercializar. En concreto, la iniciativa Camino a Casa ha evitado que 27,200 niños pasaran a engrosar las estadísticas de esclavos modernos en los últimos cinco años.
"Estamos rescatando a los niños que se nos van quedando en la frontera cuando son devueltos por Estados Unidos, y que los traficantes y dueños de prostíbulos los esperaban con los brazos abiertos porque eran la mercancía que podían explotar", dijo Lourdes Laborín, primera dama de Sonora.
Pero la solución completa al problema, que la primera dama de California, Maria Shriver, catalogó como una "epidemia", tendrá que llegar, según los expertos, más allá de las acciones individuales. El primer paso es reconocer dónde radica el problema.
"El mayor error sobre el tráfico humano es creer que la mayoría de las víctimas son forzadas a tener sexo, cuando el grupo más grande está en la minería y la agricultura", dijo la actriz Julia Ormond, quien es embajadora de asuntos sobre tráfico humano para las Naciones Unidas.
Las estadísticas más conservadoras sitúan en 27 millones el número de personas que son esclavizadas en todo el mundo, sin contar las demás víctimas potenciales ni aquellas otras que se rehúsan a que se abra un proceso de investigación.
Tan sólo entre la frontera de Estados Unidos y México, el Departamento de Estado calcula que cada año entre 600 mil y 820 mil personas pasan de uno a otro lado como víctimas del tráfico humano. De ellas, alrededor de 20 mil niños son explotados sexualmente en México, aunque el "cliente", apunten, prefiere quedarse en casa.
"El destino número uno de los ciudadanos americanos para tener sexo con un menor es Estados Unidos. Esto es un problema interno al que no estamos mirando", dijo Ormond. "Es la parte más oscura de la globalización".
Aparte, la explosión demográfica ha contribuido a hacer más grande el problema. Si un adulto esclavizado en los tiempos del descubrimiento de América equivaldría a 40 mil dólares, "ese mismo joven lo puedes comprar hoy en suelo americano por 300 dólares", dijo la embajadora.
"María", quien ayer participó en el foro sobre tráfico humano y prefirió no revelar su apellido, llegó a este país cuando tenía 15 años de edad, creyendo que al ser una mujer la que le propuso venir no le podría hacer daño.
El empleo de trabajadora doméstica que le ofreció resultó ser en una casa de un hombre mayor de 60 años, según narró, que cinco años después de estar violándola y abusando física y emocionalmente de ella fue asesinado.
Para María, el "buen samaritano" fue el hombre que le arrebató la vida a su agresor.
"Tenía que pasar un crimen para que yo pudiera ser libre, y no creo que tengamos que llegar a esos extremos", dijo. "En muchos casos puede ser fácil coger el teléfono, pero en mi caso podía ser yo o la vida de mis familiares la que se perdiera porque estaban amenazados si hacía o decía algo".
Tras 22 años y medio en prisión, María consiguió una visa T con la que reside en Estados Unidos.
"Esto [el tráfico humano] es un área difícil de detectar y siempre se va a necesitar más educación", señaló por su parte Bonnie Dumanis, procuradora de San Diego. "Los cuerpos de seguridad no pueden hacerlo solos, tenemos que confiar también en los aliados comunitarios y los negocios. Estos crímenes no se reportan porque la gente a la que se explota es la más vulnerable, la que no habla el idioma y la que vive en la pobreza"
Ni siquiera las víctimas la tienen todas consigo aunque estén en libertad, cuando se encuentran en un país totalmente desconocido.
"Florencia", otra de las panelistas que participó ayer en la discusión, habría rehusado venir a Estados Unidos si hubiera tenido algo de información sobre la trata de personas.
"Cómo vas a hacer una llamada cuando no sabes cosas esenciales sobre cuáles son las monedas, que tienes que marcar un 1 antes de cualquier otro número, que no sabes ni dónde estás y que cuando te habla la operadora lo hace en inglés y tú no sabes ni una palabra", relató.
Por su parte, Laborín expresó que "el chiste de todo esto está en hablar, porque muchas veces las autoridades mismas no están enteradas realmente de lo que está pasando hasta que empiezas a trabajar y abres la caja de pandora".
Para la procuradora de San Diego, una de las prioridades que los estados deben establecer es eliminar las diferencias entre las leyes de cada región y matener la uniformidad a la hora de perseguir y rastrear a los delincuentes que trafican con humanos.
Entre tanto, Maria Shriver hizo un llamado para que cada ciudadano sea un buen samaritano con el sólo hecho de vigilar si alguien que limpia en la casa de al lado, por ejemplo, no descansa o trabaja durante 18 horas, y lo reporte a las autoridades.









